Hermano John de la Comunidad de Taizé Francia: En Taizé hemos tratado de estar siempre atentos a los excluidos

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Nacido en Philadelphia -EEUU, el Hermano John entró en la Comunidad de Taizé en 1974. En Taizé ayuda a los jóvenes y menos jóvenes que participan en los encuentros internacionales a profundizar su conocimiento de la Biblia. Periódicamente viaja a Italia y a los Estados Unidos para animar encuentros y oraciones con los jóvenes. Ha escrito unos diez libros, traducidos en varios idiomas, sobre temas bíblicos. En castellano están disponibles: El Padrenuestro – un itinerario bíblico -Narcea, 1993, Una multitud de amigos – La Iglesia en la hora de la mundialización- -Sal Terrae, 2013, La novedad y el Espíritu -Narcea, 2013 y, en preparación, Tierra de tránsito – El Sábado Santo y el redescubrimiento del más allá. Sobre este último libro aludió en su conferencia en varios momentos, explicando el concepto de Sábado Santo.

Resumen de su intervención:

«La fe bíblica comienza con la historia de la peregrinación de Abraham, un Dios desconocido llega a la vida con una promesa de una vida nueva, una bendición. El don de una vida más grande en todas sus dimensiones, espiritual y material. «Sal de tu tierra».

Para el hermano Roger, fundador de la Comunidad de Taizé, significó abandonar sus estudios y su familia y comenzar una vida de comunidad durante la segunda Guerra Mundial. Se marchó de Suiza a Francia. Eran necesarios signos concretos de fe. Una comunidad de creyentes que rezaran juntos y compartieran todo en común. El Hermano Roger era hijo de pastor protestante y redescubrió la vida monástica como un símbolo de la plenitud del evangelio. No quería un monasterio protestante en paralelo a los católicos y ortodoxos, quiso vivir la última oración de Jesús para que todos sean uno, como yo Padre en ti. Una iglesia reconciliada en la que todos los cristianos juntos pudieran ser un símbolo del amor universal de Dios. Un objetivo imposible solo con los esfuerzos humanos.

Cuando le preguntaron el nombre de este compromiso de Taizé con tantos jóvenes, decía que era una peregrinación de confianza sobre la tierra. El camino del hermano Roger no fue el camino típico de cada cristiano, pero un modo de hacerlo posible sería practicando la sencillez, una de las palabras junto a alegría y misericordia, que el hermano Roger utilizó en la regla de Taizé para descubrir el espítiu de las bienaventuranzas. Evitar las suntuosidades a través de las que el diablo te busca, cuando descubrimos lo que verdaderamente importa, lo demás se vuelve secundario.

¿Qué es lo prioritario en nuestra vida y en la de Iglesia en su conjunto? ¿Qué es lo sobrante que dificulta nuestra misión? Volver a las prioridades y objetivos es lo que nos lleva a lo esencial y salir al encuentro con otro.

Los seguidores de Jesús como Abraham estamos llamados a salir, a concretar en nuestra existencia la peregrinación Pascual de Jesús de la muerte a la resurrección.

La fe de los cristianos se concentró en la Pasión de Cristo y después en su Victoria, sin hacer relación entre ellas. Por otra parte existía un espíritu de cargar con la propia cruz de Cristo, con exageración del sufrimiento y la alegría de la Resurrección por otro lado. Pero la Iglesia desde el Concilio Vaticano II ha vuelto a unir estos dos conceptos. No es solo sufrir con Cristo o vivir la alegría de la Resurrección es atravesar con Cristo la Pascua. El Sábado Santo refleja nuestra fe, parece que nada sucede, pero es cuando Jesús llega al punto más bajo de la condición humana y llega a los últimos de la sociedad para llevarles a la Resurrección. Reflexionar sobre este día nos hace redescubrir la misión del Misterio Pascual y nos ayuda a vivir mejor en el mundo de hoy.

En nuestra iglesia en Taizé junto al icono de la Cruz hay un icono de la Resurrección que no representa a Cristo resurgiendo victorioso de la tumba, sino en el Sábado Santo, rodeado de los santos. El icono muestra un movimiento que a su vez es doble y simultáneo, le sube el Espíritu Santo y a la vez le levanta de la muerte a la vida, del aislamiento a la vida, representa las dos caras del misterio pascual, la solidaridad de Dios con nosotros y la redención del sinsentido y la desesperación hacia una vida de comunión sin fin. La cruz y la resurrección no sólo están unidos cronológicamente, sino como uno en el interior del otro.

Nosotros podríamos hablar del espacio del Sábado Santo. Donde la herida y el sinsentido del mundo se ponen en evidencia, los humanos intentando vivir sin Dios es un fracaso. Podemos pensar en el camino de Emaús y los discípulos, pensábamos que iba a ser el rey…

La Iglesia tiene que salir de sí misma para llevar la Buena Noticia, Jesús dice id y haced discípulos a todos los pueblos, el Papa también nos dice que salgamos a las periferias. Jesús, la encarnación, en los confines del imperio, tuvo una vida breve, con gente de condición modesta, con preferencia por los excluidos y murió como el último de los últimos. El Papa dice que salgamos al encuentro de excluidos y allí encontraremos a Cristo de una manera nueva. A los catequistas en peregrinación en Roma les dice que Dios va más allá de nuestros esquemas. El Papa en un video mensaje a los religiosos les dice: Salid de vuestro nido hacia las periferias del hombre y la mujer de hoy, dejaos encontrar con Cristo, el encuentro con él impulsará al encuentro con los demás y os llevará a los más necesitados, los demás pobres. Las periferias esperan la luz del evangelio.

En Taizé hemos tratado de estar siempre atentos a los excluidos. Ama a los desheredados que viviendo en la injusticia de los hombres tienen sed de justicia, no temas jamás ser incomodado por ellos. Esto se tradujo en la existencia de la comunidad en sus inicios, en que los hermanos dejaran la comunidad y se marcharan a lugares de todo el mundo, donde no hacen un trabajo específico, sino que comparten la vida de la gente. Por ejemplo, en el noreste de Brasil ofrecen un espacio seguro a las madres jóvenes con sus hijos en un barrio asediado por la violencia.

Por otra parte Taizé ha sido un lugar que ofrece hospitalidad. El hermano Roger al llegar ofreció acogida a los refugiados, judíos que escapaban de la persecución nazi, más adelante a prisioneros de guerra alemana y después a familias de España y Portugal, de Vietnam, Rumanía, más recientemente acogida a familias de Irak y Siria y jóvenes refugiados de Sudán del sur y de oriente medio en su mayoría musulmanes, lo que experimentamos con esta acogida es que recibimos tanto como damos. Creo que todo el mundo lo nota. La amistad que ha crecido entre nosotros y ellos es una fuente de alegría permanente.

El lugar de la Iglesia cristiana es el del espacio del Sábado Santo en las periferias de la sociedad humana. Los seguidores de Cristo estamos llamados a estar en este mundo sin ser del mundo, esta aserción se encuentra con una objeción. La religión ha sido mayoritaria en occidente durante muchos años. Los primeros cristianos fueron una pequeña minoría, que se veían como extranjeros y de paso, muy lejanos a su propia fe. Más tarde en el período del emperador Constantino hasta la Edad Media, es considera dominante. Esta situación choca con la idea de la iglesia peregrina de este mundo. Después de siglos siendo objeto de sospecha y persecución… ¿no era normal considerar este acto como un acto de providencia divina para asegurar el mensaje? Algunos pensaban así. Pero en una sociedad donde todos son cristianos se vuelve mucho más difícil discernir el espacio del Sábado Santo. Afortunadamente, desde que la Iglesia, cuando esta comenzó a sentirse bien en los palacios de los poderosos algunos cristianos tomaron la dirección opuesta, los cristianos se diluyeron en la sociedad, hasta que fue difícil distinguirle de sus contemporáneos. Querían vivir el Evangelio en su profundidad, la aventura monástica por ejemplo. También tenía sus límites, porque con el tiempo generó dos niveles de vida cristiana, los religiosos o monjas y los creyentes o laicos. Esto continuó con un monje insatisfecho, Martín Lutero.

Parece que esto se está rompiendo, la mayoría de los europeos viven su vida sin ninguna referencia explícita a las enseñanzas del Evangelio, aunque el comportamiento de algunos sigue respondiendo a los valores evangélicos. En muchos hay una búsqueda de algo más grande y una insatisfacción espiritual. Cuando los jóvenes se enfrentan al mensaje de Jesús responden de manera favorable, así lo vemos en Taizé.

¿Tenemos pues que buscar estrategias para restaurar la sociedad cristiana? No tenemos que verlo como algo negativo, sino como una oportunidad para descubrir la entidad, como la ciudad puesta en lo alto de un monte, en un mundo hostil, llamados a dar testimonio del amor.

En una sociedad donde los valores judeocristianos están en el ambiente pero cada vez más desconectados de un compromiso de fe, las comunidades cristianas podrían hacer visible sin precedentes, el espacio del Sábado Santo. Donde la marginalidad y la exclusión abren una nueva vía inesperada.

En Taizé hemos descubierto una nueva posibilidad para que los jóvenes puedan probar un compromiso cristiano radical. Los jóvenes y las jóvenes de diferentes procedencias son invitados a vivir a un pueblo y compartir las penas y alegría de los habitantes. La vida de estas comunidades se marca por tres oraciones diarias y se comparte la fe con las comunidades locales. Estas fraternidades de oración han comenzado en 2014 y están siendo unas experiencias muy interesantes. Una aventura espiritual. Hasta ahora ha habido más de 50, solo un mes o algunas semanas. Una experiencia más radical de vida cristiana, en una sociedad cada vez más ocupada, las fraternidades de este tipo, ofrecen una sencilla posibilidad para que la gente comparta una vida acorde con el evangelio. Si utilizamos nuestra imaginación podremos descubrir muchas más opciones para que podamos vivir nuestra fe. En ese espacio de Sábado Santo. Los cristianos deben dejar las comodidades de su sociedad y salir a las periferias.

Por último, recuerdo la carta a los Hebreos, 13. Jesús murió fuera de la puerta, salgamos pues hacia él, fuera del campamento, cargados con lo propio, pues aquí no tenemos ciudad permanente.»

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