Hispanos que hacen patria en España

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Sandra Milena Marín Gómez es colombiana, licenciada en administración de empresas y secretariado y con múltiples cursos y una amplia formación. Se vio obligada a emigrar a Ecuador junto a su familia, su marido Eduard y sus dos hijos -Sebastián y Sergio. Una familia que pronto aumentará con la deseada y esperada llegada de Sofía – nombre que por cierto compartirá con Santa Sofía, una mártir romana del siglo II madre de tres santas a las que la tradición atribuye los nombres de Fe, Esperanza y Caridad -las virtudes cristianas.

De Ecuador huyeron a causa de la violencia y eligieron España, entre otras razones, por ser un país «tranquilo» y por «el idioma». A pesar de las dificultades actuales, viven en el «paraíso», explica Sandra: «Las posibilidades de salir adelante son mucho mayores en España». Además recuerda que aquí hay muchas instituciones y organizaciones que ayudan a la sociedad.

Sandra cuenta que se sienten «a gusto» en Cáceres, la ciudad donde residen actualmente. «En medio de las dificultades que hemos pasado, estamos felices y tranquilos porque tenemos seguridad y aquí hemos encontrado personas maravillosas que han sido «ángeles» en nuestro camino», explica sonriente. Ella añade que «le he cogido mucho amor a este país» y es que «en poco tiempo nos ha dado mucho y hay que ser agradecidos por las bendiciones recibidas». No toda la felicidad es completa, puesto que añora, por supuesto, a su familia de Colombia y también la comida.

Sandra, fruto de su experiencia personal, tiene claro lo que le pediría a la sociedad: «Empatía», sentencia. «En el camino nos hemos encontrado personas que piensan que migrar es como unas «vacaciones» y no es así. Migrar es de valientes. Cada persona que migra trae en su «maleta» una historia. En algunos casos es difícil de expresar. La migración no es algo que se realice «por querer» sino por verdadera necesidad. Porque venimos en busca de una mejor vida».

Recientemente, bajo el título «»Un arraigo sobre el alambre». La integración social de la Población de Origen Inmigrante -POI en España», Cáritas Española y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontifica de Comillas han presentado un estudio donde se analizan los resultados de una encuesta estatal para evaluar cuál ha sido en la última década el proceso de integración de los casi ocho millones de habitantes de origen inmigrante que viven en España. En términos de integración socio-económica, los refugiados representan la «última estación» del intenso proceso de precarización que está presente en la sociedad española, por debajo de la POI y de sus comunidades más precarizadas.

Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas recordaba también en la presentación del informe -que se edita dentro de la Colección Estudios de la Fundación FOESSA -Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada- que «una persona migrante, un solicitante de asilo, una persona refugiada, no ´pierde sus derechos por el camino´ sino que es sujeto de derechos ahí dónde está, por el hecho de ser persona«.

Mientras la vida sigue para esta familia de cuatro miembros -pronto cinco, continúan a la espera de la documentación necesaria para estar de forma estable en nuestro país. «Buscamos un trabajo digno para sostener a nuestra familia«, cuenta Sandra con firmeza, que reconoce que la llegada de la pandemia ha retrasado muchos sus «planes». «Todo ahora es más lento y tarda un poco más, pero hay que ser pacientes, aunque las necesidades no esperan».

Recientemente se ha celebrado la Jornada Mundial por el Trabajo Decente que la plataforma Iglesia por el trabajo Decente -ITD convocaba por sexto año consecutivo, denunciando la precariedad que sufren millones de trabajadores y trabajadoras, «aumentada por la situación de emergencia sanitaria provocada por la pandemia mundial de la COVID-19» y que ha puesto de relieve «las debilidades estructurales del Estado de bienestar en España y la necesidad del trabajo decente para el desarrollo de una sociedad fraterna». ITD identifica los síntomas de la gravedad de la situación, como son: la galopante destrucción de empleo, con unas cifras de ERTE y paro disparadas; una protección social que no está llegando a quienes tienen derecho y peor lo están pasando, como en el caso del ingreso mínimo vital o la prestación para las empleadas de hogar, y que deja fuera a miles de personas sin posibilidad de acceso por ejercer su actividad en la economía sumergida; y la persistencia de demasiados empleos considerados esenciales que mantienen condiciones laborales tan precarias que rozan la indecencia.

Sandra es catequista en la parroquia del Espíritu Santo en Cáceres. Y junto a su familia apoyan a la Iglesia en lo que se necesite. «Nos gusta lo que hacemos y lo hacemos con amor, porque venimos también a aportar y a ayudar», afirma feliz.

Además, es secretaria de la Delegación de Personas Migrantes y Refugiadas: «Allí apoyo en lo que puedo. Somos un gran equipo humano. Ellos han sido para mí y los míos nuestra familia española. Estaré agradecida eternamente».

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