Hoy entrevistamos a…

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José Luis Gadea y Magüi Gálvez del Proyecto Amor Conyugal que presentaron en nuestra diócesis los días 12 y 13 de febrero de 2020 en Cáceres y Coria.

¿En qué consiste el proyecto amor conyugal?

Proyecto Amor Conyugal no es un movimiento, ni es una asociación. Es un método que puede arrancar en cualquier parroquia, colegio o institución. Consiste en un itinerario diocesano para matrimonios. Está ya funcionando en más de 20 diócesis españolas Y otros países. Ofrecemos retiros para matrimonios, muy experienciales, un itinerario para matrimonios basado en las catequesis de San Juan Pablo II, acompañamiento personalizado llevado por matrimonios tutores, publicamos el Evangelio con un comentario específicamente orientado para matrimonios en nuestra web https://proyectoamorconyugal.es y otros servicios.

-¿Qué es lo que más hay que trabajar y fortalecer en un matrimonio?

Nosotros decimos que para arreglar o mejorar un matrimonio lo que hace falta es la conversión del corazón. Conocer el plan de Dios para el matrimonio, porque no puede haber ninguno mejor ni más hermoso, y vivirlo tal como Dios lo pensó. Los matrimonios no conocen la verdadera belleza del matrimonio porque se habla muy poco de ello, y nosotros consideramos que es imprescindible desear nuestra vocación para luchar por ella. Por eso nos centramos mucho en que los matrimonios vivan experiencias en las que descubran el tesoro que hay en su matrimonio por el que merece la pena esforzarse y por el que merece la pena vivir.

– Los hijos aportan mucha felicidad pero también pueden ser fuente de conflicto en la pareja, ¿cómo combinar ser pareja y ser padres? ¿Y para aquellas parejas que por diversas circunstancias no han podido ser padres? ¿Cómo les afecta?

Los hijos son un don de Dios y un fruto del amor de los padres en el matrimonio. Los esposos deben cuidar su relación porque su matrimonio es fuente de gracia para sus hijos. Si unos esposos quieren mucho a sus hijos, tienen que poner como prioridad cuidar su matrimonio, porque es el mayor legado que dejarán a sus hijos. Con nuestro matrimonio representamos la imagen de Dios, y si no presentamos una imagen adecuada, estaremos actuando ante ellos como «falsos profetas». Algunas veces nos pregunta un esposo o esposa: ¿Cómo voy a consentir que mi cónyuge me hable así delante de los niños? Y solemos responderle ¿Cómo vas a perder la oportunidad de enseñarle a tus hijos cómo se ama en esa situación? Indudablemente, ellos pasarán algún día por ella, y tienen que aprender a amar ahí, en las dificultades.Con respecto a los esposos que no han podido ser padres, diríamos que, si bien es una situación que cuesta aceptar, lo importante y lo único que nos va a hacer felices en la vida es hacer la voluntad de Dios. Creemos que deben preguntarse ¿Qué quiere Dios de nosotros en esta situación? Hay muchas maneras de dar vida, y aunque no tengan hijos biológicos, pueden dar mucha vida a su alrededor y Dios les hará felices con su entrega.

– «Un matrimonio no tiene éxito sólo si dura, es importante también la calidad. Y hay que mirar al cielo. Como se pide el pan de cada día en el Padrenuestro, el Papa recomienda una oración para los esposos», dice el Santo Padre Francisco. En Extremadura según el INE, los matrimonios se separan tras 21 años y se divorcian tras 15 años después de contraer matrimonio. Cada vez más surgen alertas porque algunas de las separaciones se producen en los 5 primeros años. ¿Qué está sucediendo?

Nos estamos alejando de Dios, y nos arrastran las corrientes del mundo que nos separan de él. No somos capaces de ver la belleza y la grandeza del matrimonio por nuestro propio pecado. No lo mostramos al mundo por nuestra dureza de corazón. Tenemos que recuperar el plan de Dios del principio. El matrimonio es exigente, muy exigente y difícil de vivir, pero es un camino de santidad. Nos cuesta aceptar el sufrimiento, pero la vida del cristiano pasa por la cruz. Y la cruz es desagradable, es humillante, para Cristo también lo fue hasta el punto que sudó sangre… Pero detrás de ese sacrificio en el que el cristiano da un paso para adelante y dice como Jesús: «No me quitas la vida, la doy yo por ti», hay una fecundidad enorme, detrás de la cruz está la resurrección y la vida. Nuestro matrimonio bebe del matrimonio de Cristo con la Iglesia, y él nos enseña a vivirlo. Estamos llamados a ser corredentores el uno del otro en el matrimonio, estamos llamados a ser la ayuda adecuada el uno para el otro, precisamente en lo peor de cada uno. Y esto no es fácil, pero es maravilloso ayudar a tu esposo y a tu familia a ser santos, y así, nos santificamos nosotros también. No ha misión más preciosa. El Papa dice que el matrimonio es lo más hermoso que Dios ha creado. Pero no podemos hacer rebajas, el matrimonio hay que intentar vivirlo como Cristo.

– ¿Cuáles son las dificultades que se encuentra un matrimonio? ¿Sabemos dar las gracias, pedir perdón? -«En vuestra relación ahora y en vuestra futura vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios… y a los dones de Dios se les dice «gracias», Papa Francisco

Cuando un misionero va a las misiones, tiene claro que deja todo: Sus comodidades, sus gustos, sus hobbies, su orgullo… y va a entregarse. El matrimonio es también una vocación, una llamada que consiste en dejarlo todo para entregarse, lo que pasa es que no tenemos esta conciencia. El principal problema que encontramos en el matrimonio es que no estamos dispuestos a abandonarlo todo para entregarnos. No apetece esto de entregarse, porque nos han vendido una «felicidad» autoimpuesta. Yo tengo que ser feliz ya, hoy, ahora. Mi misión en la vida es entregarme y esto es lo que dará como fruto mi felicidad. Pero de primeras, no se ve. Yo soy un don para mi esposo/a, un don de Dios, porque me creó para él/ella, y a la vez, mi cónyuge es un don de Dios para mí. Y, aunque nos dé la sensación de que esto no es así, por revelación, sabemos que es así. Por tanto, tengo que descubrir qué hay en mí que puede ser un don que Dios me ha entregado para que se lo administre a mi cónyuge y qué hay en él/ella que Dios le ha dado para que me lo administre a mí. Para empezar la propia persona. Esto es lo que nos hace sentirnos útiles, sentirnos un valor, y no que nos digan que nos valoran. Yo soy un valor enorme para mi esposo/a y mi esposo para mí. Por eso debemos darnos las gracias todos los días y alabar a Dios por ello.El perdón, es el don perfecto. Es el único camino del amor en el matrimonio, porque somos dos seres pecadores y sólo es posible restablecer la unión por el perdón. Es la gracia que vino a traernos Cristo y para ello dio su Sangre. El perdón es administrar la misericordia de Dios, es recupera la dignidad de mi esposo/a, es un don impresionante.

– Según el Papa Francisco: «El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido. Crecer también en humanidad, como hombre y mujer». Es un trabajo «para siempre»pero que no hay que asustarse. Se puede construir día a día». No hay recetas válidas para todo, pero ¿qué consejos ofrecen a los matrimonios?

De lo mucho que hay que hacer en el matrimonio, porque es un don sagrado y requiere de mucho esfuerzo y dedicación, porque es nuestra vocación, nuestra llamada a la santidad y eso tiene mucho peso en nuestra vida, nos gustaría resaltar algo. Hablaríamos de la oración conyugal. Hay muchos esposos cristianos que rezan, pero tienen una espiritualidad muy individual: Yo con Dios. Y no olvidemos que, Dios creó el matrimonio porque sin el cónyuge, el hombre y la mujer se sienten solos: «No es bueno que el hombre esté solo» Dijo Dios, y es curioso, porque el hombre estaba con él, pero aún así, se sentía solo. Necesitaba de un igual, una ayuda adecuada. La oración conyugal es llevar a la vida todo esto. Es caminar al atardecer juntos con Dios. En el lenguaje simbólico del Génesis, Dios no se dirige por separado al hombre y a la mujer hasta después de haber caído en el pecado. Y Cristo nos remite al principio, cuando en Mateo 19 y Marcos 10, ante una pregunta de los fariseos sobre el matrimonio, Cristo nos exhorta a volver al plan original de Dios. Estamos llamados a compartir nuestra intimidad, porque construir un matrimonio es construir una intimidad común, y si no, no estamos construyendo un matrimonio. La mejor manera es abrir nuestra intimidad con Dios a nuestro esposo/a para ir haciéndonos uno entre nosotros y juntos con Dios.

– «Yo solo no puedo, solo con mis fuerzas», escuchamos a muchos cristianos. ¿Qué puede ofrecer la fe a los matrimonios?

La clave es el Sacramento del Matrimonio. Muchos esposos actúan como si entre ellos no hubiese un sacramento. La Eucaristía diaria es muy aconsejable, porque nuestro sacramento se alimenta de ella, y la confesión cada dos semanas también, porque es abrir el canal de la gracia. Con esos dos buenos preparativos, acudimos a nuestro sacramento, que tiene un poder enorme. En nuestro consentimiento matrimonial, fuimos ministros de la gracia de Dios el uno para el otro, y se produjo el milagro, él nos hizo uno. Esto es un milagro, porque no está al alcance de ningún ser humano. Bien, pues ese poder que se activó en aquel momento de ser ministros de la gracia de Dios el uno para el otro, sigue vigente. Y cada vez que renuncio a mí y me entrego a mi esposo/a o cada vez que le acojo tal como es, Cristo se hace presente entre nosotros y esto es como la bomba atómica del amor, que no sabes hasta dónde llega la onda expansiva. Desde luego que afecta a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos, a nuestros familiares, a nuestros amigos… de generación en generación. Cristo tiene mucho poder, Cristo lo hace todo nuevo y está entre nosotros. Impresionante.

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