Inauguración del Año Judicial en Roma y Discurso del Papa

El pasado 27 de enero en la Sala Clementina, el papa Francisco ha pronunciado el tradicional discurso a los oficiales del Tribunal de la Rota Romana con motivo de la inauguración del Año Judicial 2022.

En sus palabras[1] ha llevado a cabo una lectura del proceso canónico a la luz de la «sinodalidad» que se propone como un caminar juntos hasta alcanzar la verdad. Esta perspectiva arranca de un presupuesto, en la declaración de nulidad o validez de un matrimonio no se está decidiendo acerca de meros intereses subjetivos sino que se trata de una conclusión sobre la verdad acerca de la existencia o no de un matrimonio, una unión concreta entre un hombre y una mujer. A este respecto, citaba un célebre discurso del venerable Pío XII en el que afirmó «la unidad del objetivo, que debe dar especial forma a la obra y a la colaboración de todos aquellos que participan en el tratamiento de las causas matrimoniales en los tribunales eclesiásticos de todo nivel y especie, y debe animarlos y unirlos en una misma unidad de intención y acción» -2-octubre-1944.

Con una óptica similar, Francisco ha delineado la tarea de cada participante en el proceso para buscar la verdad, manteniendo cada uno la fidelidad a su papel en el proceso y ha señalado los distintos momentos del mismo, desde la fase prejudicial hasta la sentencia y el acompañamiento posterior a la misma. El principio general es que «no es admisible cualquier voluntaria alteración o manipulación de los hechos, dirigida a obtener un resultado pragmáticamente deseado». Así, cuando los fieles consideran la posible nulidad de su matrimonio es necesario hacerles reflexionar sobre los motivos que les mueven, favoreciendo una actitud de acogida de la sentencia definitiva, aunque no corresponda con la propia convicción.

Este «ir juntos» en el juicio vale para las partes y sus patronos, para los testigos llamados a declarar según la verdad, para los peritos que deben poner al servicio del proceso su ciencia, así como en modo singular para los jueces. «El resultado de este camino es la sentencia, fruto de un atento discernimiento que conduce a una palabra de verdad sobre la vivencia personal, destacando así los caminos que pueden abrirse desde allí. La sentencia, por tanto, debe ser comprensible para las personas implicadas: solo así se convertirá en un momento de especial relevancia en su camino humano y cristiano».

ángel David Martín Rubio

Vicario Judicial


[1] Texto íntegro en: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2022/january/documents/20220127-rotaromana.html

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