Isabel pone rostro y voz a la Jornada Mundial del Enfermo

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Isabel de la Residencia de San Nicolás en Coria, pone rostro y su historia a esta Jornada del Enfermo que se celebra en la Iglesia. Ella desde su testimonio, nos acerca a su vida actual en la residencia y cómo afronta su enfermedad, marcada por haber vivido en la calle y con diversas adicciones.

La iglesia, en su mensaje este año, sobre la jornada mundial del enfermo, pone el acento en la importancia de «acompañar en el sufrimiento. ¿Por quién te has sentido acompañado en tu proceso?

He estado acompañada por instituciones, las parroquias, la diócesis… He buscado la ayuda porque he sido un poco rebelde, ante mi situación, me he dado cuenta de que les necesitaba y ahí han estado para ayudarme.

El Papa, en su Mensaje para esta jornada cuenta: «A lo largo de los siglos, la misericordia hacia los enfermos ha llevado a la comunidad cristiana a abrir innumerables «posadas del buen samaritano», para acoger y curar a enfermos de todo tipo, sobre todo a aquellos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias, debido a la pobreza o a la exclusión social, o por las dificultades a la hora de tratar ciertas patologías. En estas situaciones son sobre todo los niños, los ancianos y las personas más frágiles quienes sufren las peores consecuencias». ¿En qué posadas has vivido tu vida, tu enfermedad?

Independientemente de la institución, también algunos sacerdotes me han ayudado, me han pagado alojamiento en alguna pensión, para que pudiera pernoctar, para que pudiera cenar… mis principales problemas han estado derivados de mi enfermedad

¿Qué te has encontrado en ellas?

Ha sido un trampolín para continuar una vida normal, con necesidades redescubiertas y encontradas. Como tener un techo, una cama, por realizar cursos, por mejorar como persona… y dejar atrás todo lo negativo asociado con la enfermedad.

Sigue el Papa: «En una época en la que la cultura del descarte está muy difundida y a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida y vivida, estas estructuras, como casas de la misericordia, pueden ser un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun de la más frágil, desde su concepción hasta su término natural». ¿Qué le dirías a una persona que está pasando por una enfermedad o que se encuentra en un momento difícil de su vida? Desde tu experiencia.

Acepta la enfermedad que tienes, desde el primer momento del diagnóstico. Tienes que aceptar tú, la situación, la enfermedad psicológica, la patología… si no aceptas, estás perdido. Y a partir de ahí, todo será más fácil, irá más rodado. Le diría que acuda a la familia, aunque quizá por rebeldía yo no he encontrado esa ayuda, y también a las instituciones sociales que las hay, muchas, que pueden ayudarle y echarle una mano. Me han salvado desde luego.

La enfermedad supone siempre una grave una crisis y nos plantea interrogantes. ¿Cómo has afrontado tu situación? ¿Eres creyente? ¿Te ha ayudado la fe propia o de los demás?

Sí, lo soy. Mi fe me ha ayudado mucho, muchísimo. La propia fe es la que da más fuerzas, la que mueve montañas. Pero también las montañas tienes que querer moverse y no derrumbarse. La fe de los demás me ayuda, pero es más relativo.

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