Jesús Pedro Rodríguez, nuevo diácono permanente

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La diócesis cuenta desde el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, con un nuevo diácono permanente. Es Jesús Pedro Rodríguez Rodríguez, quien se une así al grupo de diáconos permanentes de la diócesis, cuyo número asciende ya a 9.

Cabe recordar que, durante siglos, el diaconado quedó relegado exclusivamente como paso previo al sacerdocio. Sin embargo, el Vaticano II retomó la importancia del diaconado, restableciéndolo en la Iglesia Latina «como un grado propio y permanente de la jerarquía» -LG 29. Siguiendo también el Directorio del Diaconado Permanente de la Diócesis, «los diáconos reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la Liturgia, de la Palabra y de la Caridad» -LG 29″.

Todo ello sin desatender su formación y sus obligaciones familiares ya que el diácono permanente puede ser un hombre casado, como es el caso de Jesús Pedro.

Precisamente, la esposa forma parte de esta vocación diaconal ya que debe dar su consentimiento. Además, como curiosidad, por fidelidad a su esposa, aunque enviudase, -Dios no lo quiera-, el diácono permanente no se vuelve a casar.

La institución y puesta en marcha en la Diócesis del proyecto para la formación y ordenación de diáconos permanentes procede de Mons. Ciriaco Benavente, ya emérito de Albacete y con Mons. Francisco Cerro, actual arzobispo de Toledo, tomó un fuerte impulso en nuestra diócesis en los años de su episcopado.

Pudimos charlar con él antes de su ordenación y estas eran sus impresiones.

¿Cómo se siente ante la ordenación como diácono permanente?

Ante la ordenación, no se puede negar que uno está tan feliz y tan ilusionado como nervioso. Feliz e ilusionado porque ha sido una trayectoria larga desde el año 2017 y uno ve que se comienza a materializar ahora. Y nervioso, claro, porque uno va siendo más consciente de las responsabilidades que va a adquirir. Pero con la ayuda de Dios y de la mano de la Virgen todas esas dificultades se irán solucionando.

¿Cómo vive este momento su familia?

He de reconocer que el apoyo de mi familia está siendo de gran ayuda, me consta que están contentos de poder servir a la Iglesia con su colaboración y a través de mí. Más que servir me gusta emplear la palabra ‘devolver’ a la Iglesia algo de lo mucho que hemos recibido.

¿Qué labores podrá realizar ahora como diácono permanente?

Principalmente el servicio a los pobres y al servicio de la palabra y la eucaristía.

Se muestra muy agradecido en este momento de su vida…

Siento un agradecimiento inmenso. En primer lugar, a don Francisco Cerro Chaves, el anterior obispo de la diócesis, con quien inicié este camino. Después a todos los profesores y compañeros del Instituto de Ciencias Religiosas que han sido un enriquecimiento para mí enorme. Y evidentemente también mi agradecimiento a don Jesús Pulido Arriero por haber confiado en mí para encomendarme lo que él considere conveniente. Mi agradecimiento en general a la diócesis y a la parroquia de Fátima, en donde estoy colaborando en la actualidad.

 

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