Jornada de la Infancia Misionera: Con Jesús a Jerusalén. ¡Luz para el mundo!

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Queridos hermanos:

Celebramos hoy la Jornada de la Infancia Misionera bajo el lema:

«Con Jesús a Jerusalén. ¡Luz para el mundo!

Cuando la Virgen María y San José presentaron al Niño en el templo, el anciano Simeón lo reconoció como «luz para alumbrar a las naciones». Jesús es la luz del mundo, porque por donde pasa va iluminando la existencia con palabras y acciones que llenan de gozo y paz el corazón de la gente.

Aquel niño vulnerable que un día contemplamos en Belén y que tuvo que pasar por el exilio en Egipto, vuelve a Nazaret convertido en un muchacho. Lo vemos hoy disertando en el templo entre los doctores a los que asombra su sabiduría.

Han pasado más de dos mil años y su mensaje sigue estando vigente en el corazón de millones de personas. Todo el que lo conoce a fondo, siente la necesidad de anunciarlo, porque su estilo de vida contagia amor. Por este motivo, los que formamos la gran Familia de Jesús proclamamos que desde el día de nuestro bautismo: «Todos somos Misioneros».

¿También los niños son misioneros?

Hace cerca de 180 años, Charles Forbin-Janson, obispo de Nancy, tuvo una idea genial: convertir a los niños en protagonistas de la misión. Para ello, les invitó a vivir dos gestos sencillos: rezar todos los días por los niños del mundo y ofrecer sacrificios y limosnas.

Unos años más tarde, la Obra de la Infancia Misionera, fue proclamada Pontificia por el Papa Pío XI.

Con este reconocimiento del Papa nace un nuevo estilo de misión, que pone en el centro la gracia del bautismo. Por primera vez en la Iglesia, los niños bautizados se convierten en protagonistas de la evangelización y participan en la misión de la Iglesia.

La Infancia misionera enseña a los niños cristianos a mirar el mundo con los ojos de Jesús. A través del testimonio que los misioneros comparten en las revistas o en las visitas que hacen a las parroquias, DESCUBREN las «heridas» -necesidades que padecen tantos niños en el mundo. Se enteran de que hay muchos que no saben quién es Jesús, que mueren de hambre, que carecen de escuelas y hospitales y que sufren violencia y, lo que es más importante, se COMPROMETEN en la búsqueda de soluciones.

Toda esta labor no podría llevarse a cabo sin la inestimable ayuda de los padres, catequistas y educadores, que saben motivar a los pequeños para que sean luz como Jesús y estén dispuestos a «iluminar» sus barrios y sus escuelas compartiendo la vida con chicos de otras creencias, de otras culturas. Los niños misioneros intentan hacerse amigos de todos, porque junto a Jesús todos somos hermanos.

Que la Virgen María, Reina de las Misiones, proteja a los niños del mundo e ilumine sus vidas con la luz que brota de aquel que es el Salvador de la humanidad.

Diego Zambrano López

Administrador Diocesano. Coria-Cáceres

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