Jornada Mundial del Enfermo: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso

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En este segundo año de pandemia celebramos la XXX Jornada Mundial del Enfermo el 11 de febrero, conmemoración de la virgen de Lourdes, dando comienzo a la campaña del enfermo, que finaliza el VI domingo de Pascua -22 de mayo.El lema de este año es «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» -Lc 6,36. El Departamento de Pastoral de la Salud de la CEE lo concreta en el lema «Acompañar en el Sufrimiento». El objetivo de esta campaña tiene como centro el acompañamiento a tantos hermanos que experimentan el sufrimiento, teniendo como modelo al mismo Cristo, Maestro de todo acompañamiento, que también probó el amargo cáliz del sufrimiento.

Jesús manifiesta ser testigo supremo del amor misericordioso del Padre, uniendo inseparablemente, el anuncio del Evangelio y la sanación de enfermedades y dolencias de la gente. Y estas dos tareas son lo esencial de la misión encomendada a los apóstoles -Lc 9,2. Se pregunta el Papa por qué esa atención tan especial de Jesús a los enfermos. La enfermedad supone siempre una grave crisis, al experimentar la fragilidad, sufrimiento, tristeza, miedo… se nos plantea interrogantes vitales que brotan de los más hondo del corazón que sufre. Por eso se necesitan testigos de la caridad de Dios que puedan aportar una esperanza «fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente… que aunque sea fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esa meta y si esa meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» -Benedicto XVI, Spe Salvi 1

En el mensaje del Concilio Vaticano II a los enfermos se nos dice que los cristianos podemos ofrecer a quien atraviesa el misterio del sufrimiento un alivio sin engaño. No está en nuestro poder conceder la salud corporal o la disminución del dolor físico; pero tenemos una cosa más profunda y preciosa que ofrecer. Cristo no suprimió el sufrimiento: lo tomó sobre sí, y eso nos debe ayudar a comprender todo su valor.» Lo que cura al ser humano no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» -Spe salvi,37

El Papa destaca el gran servicio que presta todo el personal sanitario, afirmando que cuando realizan su servicio con amor y competencia, van más allá del mero cuidado técnico-científico, es como si tocasen la carne sufriente de Cristo, porque van más allá del mero enfoque terapéutico, al escuchar al enfermo y tratar de atender a la persona que sufre.

El Papa nos invita a continuar con la misión de la Iglesia desde sus comienzos, atender a todo tipo de enfermos que no encontraban respuesta a sus necesidades sanitarias debido a la pobreza, construyendo «posadas del buen samaritano», como tantos misioneros en el tercer mundo que acompañan su anuncio del evangelio con la construcción de hospitales. Y en nuestro mundo desarrollado, tantas familias religiosas que atienden a personas enfermas o necesitadas de cuidados sin recursos. En nuestra diócesis las Casas de la Misericordia o el Cottolengo, etc., manifiestan que en esta «época del descarte… en que a la vida no siempre se le reconoce la dignidad de ser acogida…son un ejemplo en la protección y el cuidado de toda existencia, aun del más frágil».

El Papa nos recuerda que la peor discriminación que sufren los pobres -los enfermos son pobres en salud- es la falta de atención espiritual. No podemos dejar de ofrecerles la cercanía de Dios, su Palabra, los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración. Recordemos que al ingresar en un centro hospitalario, nos asiste el derecho a recibir atención espiritual a través de los capellanes, y un derecho que no se ejerce puede acabar perdiéndose. Y nos invita a tener muy presente que el ministerio de la visita y de la consolación, especialmente de tantos enfermos y personas ancianas que viven en sus casas, es responsabilidad de todo bautizado, no sólo de ministros específicamente dedicados a ello. Recordando las palabras de Jesús: «estuve enfermo y me visitaron» -Mt 25,36

Por último, recordar la urgencia de que se forme un voluntariado en las parroquias, para poder hacernos presentes en el mundo del sufrimiento, en hogares, residencias de mayores, centros de día, hospitales. Así como ayudar a sostener estos centros anteriormente mencionados, que necesitan de nuestras aportaciones económicas o con nuestro voluntariado. Como todos los años desde el departamento de Pastoral de la Salud de la CEE, se nos envía un material para formación de todos los voluntarios que será enviado a todas las parroquias por correo electrónico.

Juan Carlos Moro Calvo

Delegado diocesano de Pastoral de la Salud

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