José Miguel Domínguez Prieto: La fe no es cuestión de conocimiento es cuestión de experiencia

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José Manuel Domínguez Prieto, Doctor en Filosofía, tituló su ponencia «Desde la Iglesia doméstica a la Comunión eclesial» y abrió la mañana del sábado 17 en el Congreso Teológico Pastoral que la diócesis de Coria-Cáceres está celebrando en el Complejo Cultural San Francisco. Durante su intervención utilizó la música para apoyar su discurso, por ejemplo para demostrar como una nota grave puede sostener una melodía, como un símil de que los padres deben sostener la familia o para explicar que la música es mejor, experimentarla, igual que la fe, que no es cuestión de «aprenderla» sino de experimentarla.

QUIENES CAMINAMOS EN FAMILIA Y EN IGLESIA

FAMILIA

«Necesitamos tiempo para caminar juntos», explica el Doctor en Filosofía. La familia necesita espacios de encuentro compartir, comer juntos, hablar, no cada uno con sus actividades, sus rutinas, su vida, necesitan compartir la vida. «Cuando me encuentro con enfermos de cáncer que destacan que lo más importante es la familia, que no pasa nunca». Pero hay que cuidarla, los padres, el matrimonio tiene que estar conectado para ser sostén de la familia, para ser la autoridad también que es necesaria, para ser la nota «grave».

«Utilizamos muchos discursos, nadie me ayuda, todos vais a lo vuestros, no haces nada… todo negativo, no valoramos las cosas positivas de los miembros de la familia, no lanzamos mensajes positivos a los hijos». Los padres tienen que imponer autoridad pero sin olvidarse de potenciar a los hijos añade, usamos mucho: «Esto no lo has hecho bien» en lugar de «lo haces todo mal».

IGLESIA

Después de abordar la familia y cómo estamos actualmente en ella, Domínguez Prieto comenzó a explicar cómo caminamos en la Iglesia.

«La iglesia no son ritos, discursos, rutina…. es la experiencia diaria de alguien que está más vivo que nosotros «Cristo», esto es lo que nos forma como comunidad.»

«Debemos valorar a las personas que pone Dios en nuestra vida, no sólo nuestra mujer, marido, hijos, también sacerdotes…. Solamente venir a Cáceres y ver al rector, a los seminaristas, al obispo, es una inyección, porque es una suerte contar con testigos de Cristo».

José Manuel explicó una de las dificultades de la Iglesia: «nos asociamos a un único movimiento, mirando con recelo a otros. ¿Un laico que hable de Cristo es raro? Estamos llegando a ese punto, sospechamos de los demás porque tienen vitalidad en la fe, ganas de encontrarse con Cristo», sentencia.

Y aclara que nosotros tenemos que decir: «Yo soy más de Cristo. No puedo ser de un Papa o de otro, hay que dar gracias por todos los obispos, por todos los Papas, todos estamos en la misma barca».

La Iglesia es encuentro, el encuentro es salir de mí, de mis esquemas, «el Papa Francisco ha conseguido esto», cuenta, algo que no es nuevo, que ya nos pedía el propio Jesucristo. «¿Qué dice Cristo quién es el prójimo? El que tenemos próximo, vecinos, conocidos, acuérdense del samaritano, el Papa habla de un hospital de campaña, hay que atender, comunidad que no está cerrada si no que atiende a otros».

Domínguez Prieto explica que hay problemas también como el individualismo: «yo es que soy muy espiritual, es genial que lo hagamos, desde la comunidad pero siempre para el mundo. Si no salimos de nosotros para hacer el encuentro con la gente, la espiritualidad se va a pudrir dentro» añade.

Cada día Cristo nos habla y nos renueva. «Mi encuentro personal y comunitario con Cristo, unos días me sana, otros me exige, otros me impulsa, otros me riñe…. Es necesario experiencia diaria, rezar con mi esposa, con comunidad, con sacerdotes, con otros laicos… Si no nos convertimos en activistas eclesiales. Los discursitos no llegan, tenemos que llegar a la gente. La fe no es cuestión de conocimiento, es cuestión de experiencia».

«¿Cómo es posible que no valoremos a nuestros obispos? ¿Y a los sacerdotes? Son el papá y la mamá de la diócesis, el obispo es sucesor de los apóstoles, y son los que marcan la autoridad igual que los padres en las familias» y continuaba explicando que «la función del demonio es disgregarnos, lo contrario del sínodo. Cuando una parroquia no se suma a lo que promueve la diócesis, mal vamos. O vamos todos a una en sinergia, o nos comemos una rosca. Hay que dejar a un lado el individualismo, las críticas, las comidillas internas…»

HACIA DóNDE CAMINAMOS

Necesitamos un para qué afirma José Manuel Domínguez Prieto. «En coaching se ha puesto de moda el círculo de oro, el para qué hacen las empresas lo que hacen. En la familia y en la iglesia también es necesario».

En Familia

«¿Cuál es el para qué de la familia?» Se plantea el ponente. «El amor, lo importante de la familia son las personas, es fundamental que los padres lo vivan y sean testigos. Cuando llega un hijo, adolescente agresivo, su primera fuente de aprendizaje ha sido su padre o su madre en cómo discutían. En casa se aprende el cariño, la ternura. Los hijos deben aprender qué bonito es quererse y perdonarse, y agradecerse continuamente, el desayuno me lo pones todos los días, pues te lo agradezco todos los días. Lo que digo influye, pero lo que hago más».

«Les preparamos con idiomas, nuevas tecnologías… nos alegramos cuando consiguen un cargo. Si queremos dejar una buena herencia tenemos que mostrar en quién creemos y a quién amamos, esa es la nota grave de la canción de antes. Lo que llena un corazón no es la formación, los títulos, el currículum».

El ponente también contó un episodio personal en este sentido. «Mi hermano Pablo -sacerdote en el que se inspiró la película «La última cima», que está en el cielo, cuando bajé de un mítin – estuvo un tiempo militando en un partido pequeño en política-, me dijo: no me ha gustado, porque nunca te he visto hablar con esa pasión así de Cristo. Hablamos del fútbol, de un grupo de músico, en mi salud… pero no tenemos a Cristo en el corazón».

EN LA IGLESIA

Y en la Iglesia, ¿Cuál es el norte?, ¿Nuestra organización interna?, se plantea. «Un Sínodo está bien, un Congreso está bien pero todo es para cargar pilas y para salir al mundo».

«Nuestro norte no es un grupo, es una persona: es Cristo. Sólo hay que vivir mi experiencia personal y comunitaria de Cristo y comunicarla a los demás. Estará mi pecado, pero ya no miro atrás, miro siempre hacia adelante con los ojos puestos en Cristo, Marta, Marta andas inquieta preocupada por muchas cosas. Cuando tengo una experiencia fuerte de algo la comento porque es importante».

«Si me preguntan por mi hermano Pablo, por mi mujer, por mi comunidad de matrimonios, hablo de forma natural. ¿De qué hablo yo? De la salud, de que somos menos, más viejos, de los nietos…»

El Espíritu Santo está «echando humo», hay que dejarle actuar y no ser pesimistas y negativos, «peor empezaron, con doce indocumentados pescadores».

No tener miedo. «Ha salido todo el mundo a decir quiénes son, menos los católicos. Hay hermanos nuestros que han metido la pata. Sí, pero o es excusa.»

Tenemos que ser testigos en la vida, austeros, por ejemplo no acumular ropa. Y cuenta una anécdota: «Un japonés le dijo a un monje cisterciense es que aquí no tienen de nada. Estamos de paso le dije el monje, para qué vamos a acumular. Ustedes y yo estamos de paso, muy de paso. Al final de la carrera los corredores, esprintan. Nada de quejas al final de nuestra vida, que vengan los jóvenes, que lo hagan otros…. Entreguémonos al completo».

También ofreció otras claves: no criticar a los de alrededor o estar siempre alegres. «Hay gente siempre enfadada. Alguno ha puesto en el epitafio y tú qué miras. Ayer lo veíamos en el cardenal Maradiaga, una alegría desbordante. Así debemos ser.»

«Ser católico es que toca la lotería cada día, Señor Gracias, por todo lo que me das y porque te das tú en la Eucaristía, me entrega a su Madre, me entrega el Espíritu Santo. No hay que hacer nada, dejar a Dios que haga en ti. ¿Cuál es la clave para ser mejores evangelizadores? Encontrarme con el Señor».

«No podemos ser antitestigos», afirma con rotundidad, y relata los tipos de antitestigos: «el agresivo -todo va mal, qué desastre…, el desinflado -a ver si ahora con nuevos materiales, bueno, esto va regular…»

«Una melodía puede ser muy bonita, -tocó Amazing Grace, pero esta melodía sólo es bonita cuando es acompañada por otras melodías, esto ocurre en familia, Amoris Laetitia, tenemos que ser expertos en el arte de acompañar. Lo único que hace falta es estar junto al otro y darme cuenta de que vale infinito. Me da igual de qué grupo, cofradía, historia familia, refugiado…. TODOS. ¿Y cómo acompaño? me acerco, le escucho… Poniéndome en su punto de vista sin juzgar, sin etiquetar. Aceptando incondicionalmente, es hijo de Dios también.»

Que la gente que se acerca a la Iglesia se sienta única, querida: «¿qué necesitas? ¿qué te puedo dar? Tu tiempo, tu compañía, a Cristo. Y promover su dignidad y darles instrumentos de sanación. El Evangelio está lleno de claves, ¿tú quieres salir de esta situación?, debes quererlo ¿quieres curarte?»

«Hay mucha gente con ansiedad en la actualidad, dice evangelio, no os preocupéis, porque os vestiréis, tendréis alimento… las quejas solo agravan la situación».

«Nos toca vivir en comunidad hacia Cristo y acompañarnos, se han removido las aguas con el sínodo, pero ahora toca pasar a la acción, dejarnos de palabrerías, conversión, hablar a hijos y nietos, la iglesia no es responsabilidad de don Francisco, el obispo, es de todos y cada uno. NO te quejes si no estás al máximo transformando e implicándote».

José Manuel Domínguez Prieto terminó pidiendo valentía a los presentes: «Mi invitación es esta lanzarnos a la piscina ahora que las aguas están removidas».

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