La alegría de la reconciliación

Momento de la bendición del nuevo confesionario

Cuidar con esmero el sacramento de la reconciliación. El prelado diocesano de Coria-Cáceres, Mons. Jesús Pulido Arriero ofreció este viernes 1 de marzo una conferencia sobre el sacramento de la reconciliación en la concatedral de Santa María. El prelado diocesano, además, bendijo un nuevo confesionario que, entre otras particularidades, facilita el acceso a las personas con sillas de ruedas.

“La bendición del confesionario en la concatedral servirá para facilitar el acceso al sacramento de la reconciliación, aparte de su utilidad y conveniencia para mejorar la atención de todos los que venimos a confesarnos. Se trata de un signo y una llamada de atención importante para toda la iglesia diocesana, de la importancia de la confesión individual en un momento muy oportuno, la cuaresma”, indicaba Pulido.

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Nuevo confesionario

El prelado se refirió también a que, en ocasiones, vamos con prisas, tantos los fieles como los sacerdotes, que cada vez son menos y se multiplican las tareas. “Podemos pensar que tenemos dificultad para acceder a este sacramento. A veces nos ha pasado a todos que tenemos que ir a la sacristía, buscar al sacerdote…”

En su exposición el obispo recordó que en la concatedral se encuentra el canónico penitenciario, un delegado del obispo para los pecados reservados, para los que se necesita un clima de mayor silencio.

Por otro lado Mons. Pulido se centró en la predicación de la salvación por Jesucristo a través del anuncio del Evangelio. “La salvación era de dos tipos: una salvación que era de futuro: vamos a ir al cielo cuando nos muramos. Y otra salvación que es de presente, que es el perdón de los pecados. Las dos están relacionadas, de manera que quien no tiene experiencia de perdón de los pecados también se debilita la esperanza de llegar un día al cielo.”

El prelado comentó una anécdota, recogida en el volumen sexto de las obras completas de Ratzinger. “Una vez estaba hablando con unos universitarios y les estaba explicando el perdón de los pecados y que Cristo nos libera, y que podemos quedarnos libres de nuestros pecados. Cuenta que ellos le dijeron, ¿y por qué no nos ha librado Cristo del ‘suplicio’ de tener que confesarnos? Realmente es algo que cuesta. Pero esta misma dificultad la tuvo Jesús. Cuando Él decía: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene ya la vida eterna’, todos le abandonaron.”, ahondaba el obispo de Coria-Cáceres.

La salvación que nos trae queda reflejada en los evangelios: Cristo explica que nos salva de la muerte y que nos salva del pecado. “Jesús habla de la salvación como una curación: ‘no necesitan médicos los sanos, sino los enfermos’. Estar salvado es de alguna forma como sentirse curado. Habla también de la salvación como una iluminación, ‘yo soy la luz’. Estar salvado es ver, no estar en la oscuridad, es preferir la luz a las nieblas. Como una búsqueda de lo que estaba perdido y lo hemos encontrado.  Hemos encontrado la moneda, la oveja… Y como una justificación, el publicano quedó justificado, el fariseo en cambio no. O sea, estar salvado es estar limpio, estar lavado de la suciedad de los pies, de todo el cuerpo…”, apostillaba el prelado.

Por otro lado, explicó en tres ‘imágenes’ en qué consiste la salvación de Dios y cómo se ha interpretado a lo largo de los tiempos: la redención de los pecados, la santificación o purificación y la justificación, la idea que utiliza San Pablo. “Cuando nos confesamos, Cristo nos hace libres del pecado, del miedo a la muerte. Nos hace puros, limpios, sin mancha y nos hace justos y capaces de hacer justicia. La experiencia del pecado es la opresión, el peso que tenemos, del que tenemos que ser liberados. El pecado es una mancha que nos hace sentir indignos, que nos hace sentir condenados, con una condena pesada sobre nosotros”.

E insistió en una cuarta imagen para hablar de la salvación quizás menos desarrollada en la historia de la iglesia hasta ahora: es la imagen de la reconciliación, de la pacificación.

Momento de la bendición del nuevo confesionario
Momento de la bendición del nuevo confesionario

“Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Cuando nos confesamos hacemos las paces. Esta imagen está tomada de las relaciones interpersonales. El punto de partida es que nos encontramos en un estado de enemistad, de enfrentamiento, de alejamiento, de hostilidad… La pasión de Cristo Dios nos ha ofrecido incondicionalmente la paz a los hombres sin merecerla. En la cruz de Cristo, Dios ha tendido la mano, ha dado una palabra de reconciliación y esta oferta de paz sigue ofreciéndola mediante el ministerio y la predicación de los apóstoles, una invitación a dejarse reconciliar con Dios. Cuando nos confesamos tenemos sentimientos de alegría de quien recupera la paz con Dios, con los hermanos y con toda la creación”.

El sacramento de la reconciliación hace referencia a la iniciativa de Dios que ofrece el perdón incondicional. “En el Vaticano II se pide que se revisase el rito de las fórmulas de la penitencia, de manera que expresen más claramente la naturaleza y el efecto del sacramento. Allí ya aparece recogido como ritual de la reconciliación. Juan XXIII expresa en el concilio que la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia. Y no empuñar las armas de la severidad.

Papa Francisco en la bula Misericordiae Vultus recoge esta novedad: ha llegado de nuevo para la iglesia el tiempo de encargarse de anunciar la alegría del perdón.

El prelado insistió en que “no se trata de aplacar a un Dios que está airado, sino que él toma la iniciativa. La reconciliación es siempre iniciativa de Dios, que es el que puede ofrecer la paz sin condiciones”.

“Cuando se habla de reconciliación enseguida pensamos en el perdón de los pecados. Hasta aquí sería lo mismo que la redención, la expiación o la justificación. Siempre nos lavan, nos liberan o nos justifican de nuestros pecados. Pero la reconciliación va más allá. Aquí el perdón no solamente consiste en un cese de la guerra, de la división, de la violencia, de la ira, del odio… sino también indica la decisión de restablecer la relación entre las dos partes enfrentadas, la decisión de reanudar la relación rota con nueva intensidad. Pone el acento en que la relación de Dios con el hombre se ha reanudado con más fuerza. No se trata de volver la situación anterior previo a la ruptura de relaciones, como si nada hubiera pasado, haciendo borrón y cuenta nueva, olvidando el mal cometido. Eso se queda muy corto para entender la reconciliación. Es una nueva situación con una nueva unión más fuerte, porque ha superado la división anterior”.

Por último, expuso una experiencia común: “Muchas veces cuando hay rupturas, enfrentamientos, o divisiones entre nosotros, en un matrimonio, en una amistad, en una relación de cualquier tipo, pensamos que difícil es recomponer la situación. Ya cuando se ha roto, comparamos con un plato roto que se rompe en mil pedazos, por mucho que lo peguen ya nada queda igual, y son muchas las cicatrices que quedan… Parece imposible para los hombres, pero no para Dios, que no tira los pedazos rotos o simplemente trata de juntarlos, sino que rehace una vasija nueva, a la persona. La experiencia de la reconciliación nos acerca más a Dios. Cada vez que experimentamos su misericordia, su persona, somos más hijos, como el hijo pródigo”.

Y concluyó: “hay más alegría en el cielo por un pecador que se conviene con 99 justos, y si perdemos esa alegría de la reconciliación, pues perdemos la imagen más cercana que tenemos de cómo será la alegría del cielo”.

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