La Diócesis de Coria-Cáceres ante el reto de la Extremadura Rural

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6 personas, 5 curas y una religiosa de nuestra diócesis participaron en «Retos pospandémicos en la España Vaciada«. Un encuentro en el que las conclusiones son claras: la pandemia del Covid-19 ha generado un shock social, político y económico global de consecuencias todavía imprevisibles. «Esto nos plantea unos retos añadidos en la España Vaciada», cuenta ángel Martín Chapinal, sacerdote diocesano y consiliario nacional del Movimiento Rural Cristiano.

«Hemos reflexionado desde la realidad que vivimos en el mundo rural para que como dice el Papa Francisco no continuemos imperturbables, «pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo»», apostillaba Martin Chapinal. «Como diáconos, sacerdotes rurales y consiliarios del Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos y del Movimiento Rural Cristiano reflexionamos para poder acompañar mejor a los habitantes de la España Vaciada.

«Hemos descubierto que Dios, que no es el origen de la pandemia, quiere ser fuente de consuelo para la humanidad sufriente. La comunidad cristiana está llamada a dar signos del amor de Dios en estos momentos cruciales, aguardando la nueva realidad que debe surgir de estos dolores de parto y esforzándose en la construcción del Reino de Dios.», continúa el Comunicado del Grupo de Consiliarios de los Movimientos Rurales Cristianos de Jóvenes y de adultos.

«Casi toda nuestra diócesis da los parámetros de España vaciada», añade el sacerdote. ¿Y cuáles son esos parámetros? Emigración de la población joven, envejecimiento, soledad, pobreza, desempleo, despoblamiento…

«Ciudad Rodrigo son vecinos nuestros, Peñaparda, El Payo, Villarubias… cada vez tienen menos población, y nos contaron cómo están atendiendo a los pueblos más despoblados…» cuenta Elena Esnaola, delegada de pastoral rural misionera. Dificultades como el desempleo, falta de oportunidades para los jóvenes, vejez, comunicaciones… etc son comunes. Aunque Esnaola reconoce que la zona de Ciudad Rodrigo, todavía sufre más la despoblación. «Aquí el PER ha mantenido un poco la población. La joven joven que ha estudiado busca otros lugares para trabajar y algunos se quedan en el pueblo, pero van y vienen».

«La iglesia tiene que acompañar esas sombras. Pero dar luces y saber cuál tiene que ser nuestra presencia como iglesia.», añade Esnaola. «Que las parroquias sean vivas, cercanas… en mi caso, tenemos suerte porque un sacerdote vive en la localidad de Perales del Puerto, pero esto cada vez es más complicado. Los sacerdotes atienden una media de 5 o 10 pueblos y hasta hemos conocido casos de sacerdotes de León que atienden 30 pueblos, y tienen que desplazarse por carreteras de montaña… Estamos en mejor situación, pero las parroquias cada vez están más envejecidas y no encontramos relevo. La gente joven no quiere participar en la vida del pueblo y de la parroquia y tenemos ver cómo responder, para que las peores perspectivas no lleguen», desgrana Esnaola.

«El obispo de León Mons. Luis ángel de las Heras Berzal nos recordaba que la realidad de la España Vaciada ha de preocupar a todas las diócesis de España, no solo a las rurales.», apostillaba la delegada de pastoral rural misionera.

«La pastoral rural es Iglesia que trata de estar al servicio de la diócesis, nos sentimos enviados en la diócesis para trabajar esto», prosigue Elena Esnaola. «No podemos trabajar solos, también debemos hacerlo con otros colectivos, incluidos no creyentes. Que mejoremos la vida, que sea digna. Reivindicar servicios bancarios dignos y de otro tipo»

A pesar de todas las sombras, el impacto de la pandemia, que también se ha dejado notar en los pueblos, en las defunciones y en el ánimo de los vecinos, también ha sacado a la luz la realidad de las zonas rurales: la solidaridad entre vecinos. «La iglesia a través de Cáritas y el párroco ha estado presente, a través de whatsapp acompañaba a los vecinos, incluso en el confinamiento más duro había un acompañamiento, en los entierros… y también la presencia de la comunidad en la medida que se podía. Las nuevas tecnologías nos han ayudado a mantenernos unidos, con esperanza, en oración… Tenemos formación online en la delegación de pastoral rural, participamos en las formaciones de la Conferencia Episcopal en la parroquia hay un grupo de whatsapp compartimos lo diocesano, la vida de la parroquia… eso ayuda».

Sobre la economía, en la zona de Sierra de Gata-Hurdes y parte de Granadilla donde se depende mucho de la aceituna, Esnaola cuenta que el precio que se le otorga a la aceituna -bajo e inadecuado, es el responsable de que este sector no sea un verdadero motor de empleo. «También sería bueno que, para evitar el aislamiento que los mayores tuvieran más conocimiento de las nuevas tecnologías, que les perdieran el miedo», reflexiona y prosigue: «esta es una acción que los jóvenes pueden llevar a cabo ¿por qué no organizarlo desde cada parroquia?»

En cuanto a la Iglesia, el objetivo es ser testimonio de vida y acompañar la realidad del pueblo. «Tenemos que unirnos para buscar juntos cómo responder a esta realidad y aportar cada uno su carisma, esa pluralidad que tiene la iglesia es necesaria y que la trabajemos juntos para que el Reino de Dios se siga manteniendo aquí y que se vea y se haga presente», sentencia Esnaola.

«La pospandemia nos pide compromisos en nuestro mundo rural. No hemos de añorar la «normalidad», que estaba plagada de injusticias y problemas. Se trata de afrontar nuestra realidad, huir de un espiritualismo que nos lleva al repliegue», prosigue el Comunicado del Grupo de Consiliarios de los Movimientos Rurales Cristianos de Jóvenes y de adultos.

¿Y entonces cuál es la solución? «Al contrario, sintiéndonos una Iglesia-familia, hemos de vivir una presencia encarnada, transformadora y esperanzada. Esta presencia unas veces llevará a denunciar falsas promesas de desarrollo -macrogranjas, megaminas frente a la propuesta, cada vez más razonable, del decrecimiento económico; y otras veces llevará al apoyo de la presencia pública de los cristianos o la acción de plataformas como España Vaciada. Además, es preciso valorar el papel de la mujer, como pilar de nuestros pueblos y nuestras parroquias; y acoger a personas de otros países que buscan construir una vida digna entre nosotros.»

La mirada de la Iglesia apuesta por la esperanza. «Apostamos por vivir con esperanza estos momentos, con una pastoral rural misionera que ya acompaña y anima nuestras comunidades, en muchos casos, con estos valores que proponemos para la acción», concluye el manifiesto.

La Diócesis de Coria-Cáceres, eminentemente rural, tiene el reto de los pueblos. «¿Seremos capaces de ver el signo de los tiempos que es la realidad del mundo rural o seguiremos esperando a que desde fuera vengan las soluciones? En el sínodo diocesano propusimos pistas», recuerda ángel Martín Chapinal. «Llegó el virus y nos encerramos. Es tiempo de abrirse y salir a los caminos como Iglesia comprometida, activa, humilde, sencilla. Algunos, pobremente, intentamos estar en ello», sentencia.

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