La experiencia de capellán te termina «enganchando»

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El servicio de capellán en el hospital es un papel que, si siempre ha sido destacado y valorado entre los fieles, que atraviesan el dolor y la enfermedad propia o de familiares en el hospital, ahora ha cobrado más relevancia, si cabe, debido a la pandemia del coronavirus. Uno de ellos, aparentemente reservado y tímido, pero siempre sonriente y afable, es Jesús Luis Viñas, uno de los nuevos capellanes del Hospital San Pedro de Alcántara.

Para Luis Viñas, que entró justo cuando empezaba a subir la segunda ola de la pandemia en nuestra región, después de las fechas de Navidad, es una experiencia «emocionante y gratificante».

«Todo lo que recibes de los enfermos cuando estás con ellos en las visitas, es más que suficiente, siempre hay un enorme agradecimiento». Reconoce que la situación de la pandemia ha cambiado los protocolos, pero no siente miedo por la covid. «Ni siquiera cuando, incluso antes de estar vacunado, te llaman deprisa y te tienes que poner el EPI y entrar en una habitación con los enfermeros. Te encuentras con personas que piden no solo los sacramentos, están deseosos de un aliento, de una compañía aunque sea de cinco minutos. Saber que no están solos, el Señor no los abandona».

Cuando se lo propusieron, porque sabía de la importancia de la misión. «Hablando con D. Diego, nuestro administrador, era una realidad que hacía falta atender con urgencia, tener una presencia en los hospitales, muy necesaria en los momentos más cruciales de la pandemia. No podemos abandonar a los que más sufren. No podían entrar los familiares, pero nosotros teníamos esa oportunidad de estar junto a los enfermos y era para ellos un momento de sanación y de paz, sólo con la visita se reconfortaban y se animaban», relata emocionado Jesús.

Cabe recordar que los equipos de capellanes de los hospitales se renovaron en el mes de enero de 2021, debido a la edad avanzada de los anteriores. En la actualidad lo forman ángel Maya Talavera y el propio Jesús Luis Viñas en el Hospital San Pedro de Alcántara, junto a José María Sánchez Merino y Miguel ángel Morán Manzano en el Hospital Clínico Universitario. Colaboran con ellos, en caso de urgencia y necesidad ante esta emergencia sanitaria, un grupo formado por Ramón Piñero, Diego Zambrano y ángel David Martin Rubio.

Luis Viñas cuenta que se solicita muchísimo la presencia de los capellanes. «El busca no deja de sonar, a veces en horas intempestivas», pero no se queja porque «cuando llegas sueles ver a los familiares y la paz que encuentran porque los enfermos pueden recibir los sacramentos y marcharse en paz, les llena».

«Lo que encuentras en el hospital te termina «enganchando»», afirma Jesús Luis Viñas. Guarda en el corazón las primeras entradas en UCI: «Gracias a Dios ya podían entrar a despedirse los familiares y tener un momento de oración y de paz. Te impacta, poder estar acompañándolos». Aunque lo que más le sobrecogió fue tener que bautizar y confirmar a un recién nacido: «Tan frágil y a la vez tan luchador, junto a unos jóvenes padres que no perdían la esperanza y acompañado por la doctora y enfermeras, con lágrimas en los ojos, sabiendo que, habiendo hecho todo lo que médicamente estaba en sus manos, lo poníamos en las manos misericordiosas de Dios Padre. Posteriormente lo trasladaron a Madrid, espero que haya conseguido salir adelante», concluye.

Para él, la ley de la eutanasia es «atroz». «Todos están deseosos de vivir, incluso en los momentos de sufrimiento y dolor. Recuerdo una experiencia con una señora de 96 años. Decía que se quería morir, porque hacía sufrir a los hijos y tenía dolores. No quería morirse, lo que pedía era que le quitaran los dolores, y después de estar en el hospital su perspectiva cambió. Los cuidados paliativos son muy necesarios. La gente quiere vivir, con dignidad y sin sufrimiento en los últimos momentos, acompañada y feliz. Y las personas lo aceptan, asumen como parte de la vida ese final, la enfermedad y la ancianidad, con tranquilidad. Me dicen: «Hasta que el Señor quiera».»

«Lo comento a veces con ángel Maya, el otro capellán, son pocas horas, pero sería para estar todo el día. Entras en la habitación, conectas con los enfermos, algunos se manifiestan no creyentes, pero después te hacen una confesión de vida más bella que algunos que son creyentes».

Hay muchas anécdotas en este tiempo tan corto. Cuenta una de dos jóvenes enfermos de Covid con oxígeno viendo un partido de fútbol de la selección, que no podían gritar para festejar los goles.

«Espero que no se nos olvide lo que estamos viviendo, que seamos respetuosos con el otro, que nos cuidemos. Cuando ves a personas que llevan un mes en el hospital que han estado en UCI, UCRI… que se tienen que ir a casa con el oxígeno puesto… Muchas personas han fallecido y otras siguen arrastrando las secuelas. Tenemos que ponernos en el lugar del otro», sentencia el capellán.

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