La JEC reflexiona sobre la igualdad de género en la Garganta de Cuartos

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Un año más -y ya se han superado los 20, la JEC -Juventud estudiantil católica de Extremadura, vivió su experiencia campamental en Losar de la Vera, en la Garganta de Cuartos, en las instalaciones que pertenecen a la Diócesis de Plasencia.

Allí, en este enclave natural, los jóvenes de diferentes partes de la región -Fuente del Maestre, Guareña, Barcarrota, Badajoz, Mérida, Atalaya, Plasencia y varias personas de Cáceres que quieren comenzar con este movimiento juvenil así como de Salamanca y Sevilla, profundizaron sobre la igualdad de género. Un tema de actualidad elegido por los propios jóvenes, que ha servido para que los 72 participantes, acompañados de sus animadores y grupos de adultos -que también han querido orientarles y compartir la experiencia-, analicen el mundo que les rodea bajo las gafas del Evangelio, con un mensaje claro y potente: todos y todas somos Hijos de un Dios que nos quiere tal y como somos. Y además quiere que trabajemos porque el Reino se haga realidad para todas las personas.

Son innumerables los valores que estos adolescentes y jóvenes de secundaria y universidad, así como algunos adultos profesionales, han ido desgranando a los largo de estos 7 días, desde el 24 hasta el 30 de julio. Partiendo de la igualdad, y siguiendo con el respeto, pasando por la tolerancia, la paciencia, la comprensión, la empatía y muchos más, los jóvenes han caído en la cuenta de actitudes que en el día a día ahondan en las diferencias entre hombres y mujeres, siendo conscientes de que deben desterrarlas de su vida y además transformar el mundo que les rodea a través de acciones concretas en sus ambientes.

Tras un profundo análisis de la realidad, los jóvenes bucearon en el Evangelio, donde Jesús muestra el camino de la igualdad, dando a la mujer un papel trascendental en la historia de la Salvación. -Se aparece por primera vez a las mujeres en la Resurrección, come con ellas en la mesa, les enseña su mensaje… etc. Jesús destroza la sumisión de la mujer en su época y la sitúa en un plano de igualdad y dignidad.

Ahora toca volver al mundo con las «gafas lilas de la igualdad», y poner en práctica todos los compromisos adquiridos en los grupos, para que se hagan vida «nueva».

Lorena Jorna

IGUALDAD DE GéNERO Desde la Garganta de Cuartos por José Moreno Losada, Sacerdote -28-7-2017

Todos los años espero como un bálsamo, lleno de actividad, estos días en este albergue de la diócesis de Plasencia en el entorno de la garganta de Cuartos, en Losar de la Vera. Lo hago con la nostalgia de los años anteriores y con la alegría de que cada año va a ser una aventura de gracia y de vida nueva, no hay duda de que la vida – y en ella, Dios- nos sobrepasa continuamente.

Este año he estado más separado de la preparación del tema, incluso como que me sentía algo alejado de él: «la igualdad y el género». Lo considero interesante, pero entiendo que me pilla ya mayor y como muy marcado por pensamientos previos y vivencias ya elaboradas. Así que entendía que para ellos era interesante por eso lo habían elegido y que tenía que respetar y venir, al menos, con curiosidad. Y aquí me tenéis esta mañana de marcha, que he permanecido en el campamento, dándole vueltas a todo lo que se ha ido moviendo en mi interior según han ido desgranando el tema de la igualdad de género en esos tres pasos clásicos del ver, juzgar y actuar que nos configuran como movimiento de la acción católica en el mundo estudiantil – JEC. Juventud estudiante católica-. Tengo que reconocer que me llevo un buen revolcón y no sólo a nivel teórico sino práxico y vivencial.

Hemos estado dos días mirando la realidad, poniéndonos las gafas del género, para contemplar qué está ocurriendo, desde cuando viene y por qué en lo que se refiere a la relación entre los géneros, lo que ha sido exclusión, degeneración, minusvaloración, etc… y uno queda sorprendido de cómo se ha elaborado todo este sistema y cómo nos movemos y respiramos en él como si nada, empezando por mí mismo. Y eso en lo cercano y en lo lejano, contemplado a las mujeres de mi familia, así como mirando la historia y la masa femenina de la mujer en el mundo actual en la mayoría de los países. Os confieso que en algún momento me he sonrojado, hasta de haber participado con chistes que hacen reír sobre el dolor de muchas personas.

Al entrar en el juzgar humano y evangélico, los ojos abiertos han llegado a la emoción y a los sentimientos. Por una parte, al ver lo que otras han vivido y sentido a lo largo de la historia, sin razón ni justicia, y lo que está ocurriendo muchas veces con mi silencio y mi complicidad en muchas áreas de la familia, del trabajo, la política, la economía, la religión, la iglesia… y por otra parte, al descubrir la imagen de Dios a la luz de la persona de Jesús, que en su contexto social y cultural, nos dio claves claras y precisas sobre el tema de la igualdad y la postura ante la mujer. Claves que habrían de ser revolucionarias para sus seguidores en la historia y mucho en este momento actual que nos ha tocado vivir, sobre todo para pasar a la teoría a la praxis, del lenguaje a los hechos. Yo he hecho mi propio juzgar a nivel personal, tanto profesional, religioso, familiar, económico, social, cultural, sobre todo vivencial, y ni que decir tiene que las llamadas han llovido a chuzos. Vamos que venía por lana, con prevención ante el tema por creer que estaba ideologizado, y he salido trasquilado, porque el que está ideologizado sin darse casi cuenta soy yo, al que siempre le limpiaron los zapatos y le ordenaron los armarios, etc. Deseo que las llamadas humanas y evangélicas no queden olvidadas con las excusas de que estoy cercano a los sesenta y ya «está duro el forraje para pita». Ni hablar, hay que pitar, y fuerte, la causa es de orden de dignidad y de justicia, y se ha de llegar a él desde los sentimientos más profundos donde lo humano y lo divino se identifican.

Por todo esto, no puedo menos que dar gracias a estos jóvenes estudiantes cristianos que ha elegido un tema de vida y se han metido en él de tal forma que me han envuelto a mí también y me han llamado a conversión para vivir en la igualdad del género tal como lo quiere Dios Padre y nos la ha manifestado en Cristo, ahora toca dejarme conducir por el Espíritu y adentrarme en aquellos espacios personales y profesionales en los que realmente yo puedo apostar por un cambio verdadero de mentalidad, desde lo más pequeño a lo más estructural, y eso en todos los ámbitos que toco en mi vivir diario: familia, calle, universidad, iglesia… Y si en algo quiero empeñarme es en el aspecto eclesial, no puede ser que una institución que se enraíza en Cristo, con una antropología teológica como la que le corresponde, no sea pionera en todo lo que se refiere a enfrentarse al «machismo» y apostar por la verdadera igualdad de género, que nos adentra en la humanidad sin ninguna prevención ni escala inventada en el tiempo y en la historia de los desiguales sin razón. Gracias a los jóvenes, al tema elegido, a la preparación del mismo y a la profundidad que le habéis dado, donde los propios curas nos hemos sentido interpelados y llamadas a convertirnos en nuestro interior y en nuestro quehacer ministerial. ¡Gracias!

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