La mujer en la Iglesia por Diego Zambrano

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Queridos diocesanos:

Con no poca frecuencia, al hablar del laicado, se suele olvidar la realidad de la presencia de la mujer y con ello se desdibuja su papel en la Iglesia. Igualmente, al tratarse de la «promoción social de la mujer» se suele entender simplemente como presencia de la mujer en la vida pública. ¿Cómo entiende la misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo?

No hay ninguna razón por la que, al hablar del laicado, de su tarea apostólica, de sus derechos y deberes, se tenga que hacer ningún tipo de distinción o discriminación con respecto a la mujer. Todos los bautizados, hombres y mujeres, participan por igual de la común dignidad, libertad y responsabilidad de los hijos de Dios. En la Iglesia existe esa radical unidad fundamental que enseñaba ya san Pablo a los primeros cristianos: «Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» -Gal 3, 26-28.

En este sentido el cristianismo representó una revolución en su origen, al equiparar la igual dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios. Cristo se rodeó también de mujeres, María Magdalena, María de Cleofás, Salomé o las hermanas Marta y María, que lo acompañaban en su ministerio y que junto a él adquirieron una autonomía de la que nunca antes habían gozado.

El Papa Francisco en una de sus catequesis decía: «El libro del Génesis insiste en que ambos son imagen y semejanza de Dios no solo el hombre, por su parte, no solo la mujer por su parte; sino también la pareja. La diferencia entre ellos no es para competir o para dominar sino para que se dé esa reciprocidad necesaria para la comunión y para la generación a imagen y semejanza de Dios».

La mujer en la Iglesia no es ni superior ni inferior: es igual al hombre. Como él, es una criatura de Dios que ha recibido unos dones particulares, complementarios a los del hombre, que tiene que desarrollar. Por eso, su papel en la Iglesia es insustituible. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «El hombre y la mujer son creados, es decir, queridos por Dios: por una parte, es una perfecta igualdad en tanto personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. «Ser hombre», «ser mujer» es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador. El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, «imagen de Dios». En su «ser-hombre» y su «ser-mujer» reflejan la sabiduría y la bondad del Creador» -CEC, 369.

En el pasado mes de febrero pudimos ver el video del papa Francisco a traves de su Red Mundial de Oración, donde el Santo Padre lanzaba un mensaje contundente contra los distintos tipos de violencia hacia las mujeres, ya sea «psicológica, verbal, física o sexual». Para Francisco, esta realidad es una «cobardía y una degradación para toda la humanidad», por lo que nos pide rezar por las víctimas, «para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y escuchado por todos».

Diego Zambrano López

Administrador Diocesano

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