La Virgen de la Soledad patrona de Badajoz fue coronada ante miles de files por los obispos de Coria-Cáceres y Plasencia

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Más de 6.000 fieles abarrotaron la Plaza de España de Badajoz el sábado, 8 de junio, por la noche para asistir a la coronación canónica de la Patrona de la ciudad, la Virgen de la Soledad. La ceremonia fue presidida por el Obispo de Plasencia, Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, que estuvo acompañado por el de Coria-Cáceres, Monseñor Francisco Cerro Chávez y un centenar de sacerdotes. Los dos obispos coronaron a la Virgen en ausencia del Arzobispo de Mérida-Badajoz, don Santiago García Aracil, que convalece de una operación de cadera.

Al inicio de la ceremonia el Vicario General de Mérida-Badajoz, don Sebastián González leía una carta del Arzobispo en la que don Santiago saludaba a los fieles y hacía algunas reflexiones sobre la «soledad» de la Virgen. En su mensaje García Aracil afirmaba que «esta coronación tiene sentido para nosotros en estos tiempos si en ella queremos expresar que admiramos la virtud de nuestra Madre la Virgen Santísima, que deseamos seguir su ejemplo, y que agradecemos su constante intercesión para que podamos alcanzar de Dios la gracia de la Salvación». También les pidió a todos que no dejen sola a la Virgen junto a su Hijo. «Acompañadla acercándoos al Señor en la Cruz y en la Resurrección», dijo.

Por su parte Monseñor Amadeo Rodríguez Magro destacaba en su homilía que la Virgen es una reina para la que reinar es amar y servir. Don Amadeo afirmaba que «la corona que hoy le ponemos a la bendita imagen de la Virgen de la Soledad es un reflejo de los que adornos que María recibe de Dios como Reina y Señora de todo lo creado: es Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico, colaboradora augusta del Redentor, Perfecta discípula de Cristo y miembro supereminente de la Iglesia» y pidió que al poner la corona sobre su cabeza «pongamos al mismo tiempo en su corazón nuestras necesidades más profundas». Don Amadeo recordó una homilía del Arzobispo emérito, Monseñor Antonio Montero en la Catedral en la que señalaba que Badajoz tenía en sus barriadas «una corona de espinas». El Obispo de Plasencia destacaba que esos problemas han cambiado «y se han agravado por la fuerte crisis en la que estamos envueltos», entre esos problemas citó «el paro, las bajas rentas familiares, las dificultades con la vivienda, el fracaso escolar y el empobrecimiento social».

Tras la homilía, en torno a las 10 de la noche, llegaba el momento de la coronación acompañada de una lluvia de pétalos lanzados desde la torre de la Catedral, del repique de campanas del templo catedralicio y seguida del canto del Himno de la Coronación, interpretado por cinco coros con 102 miembros a los que se sumaron los costaleros de la virgen, acompañados por la banda municipal de música.

Finalizada la Eucaristía la Virgen regresaba en procesión a su ermita, a cuya llegada se descubría una plaza conmemorativa.

Juan José Montes González

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