Los Caletrio Simón una familia que deja todo para ser misioneros en Corea

Una joven familia de la Diócesis, los Caletrio Simón, partirá esta semana a Seúl -Corea del Sur tras haber recibido una llamada vocacional a evangelizar como misión «ad gentes» y haber sido enviados por el papa Francisco y la parroquia de San José de Cáceres, en la que están integrados dentro de una comunidad del Camino neocatecumenal.

«Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»» -Marcos 10, 29-31

Los nuevos misioneros coreanos son Jesús Caletrio, un joven de 31 años casado con Julia Simón, de 30 años, padres de tres hijos, de tres, dos y medio año.

Aseguran que su motivación para abandonar su tierra, «solo con billete de ida», es la experiencia de ver «cómo Dios provee» y una «llamada vocacional» dentro de su matrimonio.

Se van a anunciar el Evangelio a zonas secularizadas de Corea, o lo que es lo mismo, de misión «ad gentes», junto con otras cuatro familias, tres de ellas coreanas, un sacerdote y tres chicas.

Así les envió el papa Francisco, junto a otras 35 misiones «ad gentes», el pasado 5 de mayo en la celebración de los 50 años del Camino neocatecumenal en Roma.

Además, el pasado miércoles 5 de septiembre tanto su comunidad, la «quinta de San José», a la que pertenecen desde hace años, como el resto de la parroquia les despidieron con la celebración del rito del envío misionero, presidido por el párroco, Ramón Piñero.

«Tenemos paz porque sabemos que no vamos solos, que Dios va con nosotros, aunque sí tenemos incertidumbre de lo que nos vamos a encontrar», subraya Julia.

Ambos recalcan que no van por su cuenta, sino enviados, y que cuando aterricen se pondrán al servicio del obispo de Seúl, para «dar testimonio de Jesucristo en nuestra vida, intentando ser luz allí, viviendo como hacemos aquí, discutiendo, perdonándonos, queriéndonos», explica la madre de familia.

En sus planes al casarse, según cuentan, no estaba la misión en Corea, pero la «experiencia de ver a Dios» en sus vidas y su «llamada» les ha llevado a partir.

Para Julia, una de las cosas que les ha ayudado en su vocación ha sido la «precariedad diaria», «vivir y luchar por el hoy», «tener que mirar cada día hacia arriba» y «estar a la espera de la llamada».

«Siempre que hemos necesitado algo, el Señor ha aparecido; hemos vivido lo que dicen las escrituras: abre la boca que te la llene, un Cristo vivo, un Dios que como padre nos cuida, nos da lo mejor para nosotros», añade Julia.

Ambos vienen de familias «no acostumbradas al lujo», según explica Jesús, se casaron hace cuatro años sin trabajo fijo, confiando en la providencia de Dios, pues «él es quien nos ayuda siempre», apunta este padre de familia.

«Nuestra hija mayor está super contenta, ya tiene alguna amiga, y está deseando irse a Corea. Los otros dos son muy pequeños y no lo entienden muy bien», cuenta sobre sus hijos.

Su entorno tiene «el corazón dividido», aseguran ambos, se alegran por ellos, pero siente pena por la marcha, afirma Julia.

«En el fondo nadie es profeta en su tierra», agrega Jesús, para quien la llamada a evangelizar es para todos los bautizados, puesto que la Iglesia es apostólica.

El pasaje de Marcos, anteriormente mencionado, que sucede a la conversación de Jesús con el joven rico sobre qué hacer para heredar la vida eterna, bien se podría aplicar a esta familia.

Los discípulos, atónitos, se preguntaban, tras la contestación al joven rico quién se podrá salvar, pues «es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios».

Sin embargo, Jesús les señaló que esto es «para los hombres, imposible; pero no para Dios».

Como Pedro, seguramente esta familia pueda decir: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Que Dios os siga guiando en esta nueva etapa. Rezaremos por vosotros.

Vicente M. Roso

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