“Los laicos somos el evangelio ambulante” Higinio Junquera

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CáCERES, 26 MAYO 2012

Higinio Junquera, presidente de Acción Católica General ha comenzado planteándose lo irónico del título de su ponencia: «Cristianos asociados: un reto para la Iglesia» y es que, para él «Es extraño que todavía hablemos de los laicos como un reto y no como algo natural, habría que repensarlo».

Su ponencia ha estado dividida en tres partes. En la primera de ellas ha dado fundamentos de las

razones del laicado. Para Junquera, nuestra presencia evangelizadora es por lo que hacemos y muchas veces por lo que no hacemos. «Los cristianos son un testimonio valioso. Somos el evangelio ambulante. No hay nada que pueda sustituir la labor de millones de cristianos en el mundo, en los colegios, en el trabajo, en las familias…etc»

En su ponencia ha comenzado hablando sobre la diferencia entre la vivencia personal y la vivencia comunitaria, destacando la importancia de esta. Si un cristiano rechaza asociarse en la iglesia porque ya tiene mucho que hacer o sólo lo hace en la Iglesia hace un flaco favor. «Solemos caer en extremos, nos cuesta vivir la fe de manera equilibrada. No podemos hacer las cosas nosotros solos, pero tampoco siempre de forma conjunta. En las asociaciones a veces pretendemos que se haga todo de forma conjunta y no de forma individual».

El apostolado debe ser de forma social. Las personas han sido creadas por Dios para compartir y vivirlo todo con los demás, somos genéticamente seres sociales, la Iglesia es fundamentalmente comunión. «Si no hay vocaciones sacerdotales es cosa de todos, si los laicos no están formados, si los párrocos viven estresados atendiendo a lo urgente y no a lo importante. Hay que trabajar unidos«.

Para el presidente de Acción Católica General, la parroquia parecía una realidad superada. «Para anunciar a Jesucristo la parroquia ya no servía, afortunadamente esa idea se ha ido dejando atrás. No basta con estar en la parroquia, hay que ser parroquia». Se trata de encarnarse como los misioneros se encarnan en su lugar de misión. Las asociaciones laicales no pueden hacer elegir a sus miembros entre la asociación o la parroquia.

Crecer en santidad es para todos. Cada asociación de fieles laicos debe ser un lugar donde se manifiesta la fe. ¿Qué aportan las asociaciones laicales» Deben ayudar a personalizar la fe y vivirla evangélicamente, formación permanente, celebrar comunitariamente la fe, encontrar un ámbito eclesial de discernimiento, asumir responsabilidades personales en la vida eclesial y pública, presencia pública eficaz.

¿Cuál es el papel de los sacerdotes y su relación con los laicos» Tenemos que trabajar de manera complementaria, «pongo el ejemplo de mi madre, yo no le digo a veces todo lo que piensa de ella, a veces le digo unas cosas y otras no, porque lo que me interesa es estar bien con mi madre. Lo que le digamos al otro tiene que ayudarle».

La segunda parte, ha consistido en un diagnóstico de la situación del asociacionismo laical y de los propios laicos. Junquera considera que nos hemos impregnado del individualismo de la sociedad, «tenemos la sensación de que los demás nos complican la vida y no merece la pena. Nos sentimos más libres haciendo las cosas por nuestra cuenta y esto no sólo no es lo más eficaz sino que no es eclesial«.

También ha recordado que a partir del Concilio Vaticano II han proliferado las asociaciones y esto es un elemento muy positivo que hay que cuidar en el futuro pero hay que tener cuidado. «Creo que la pluralidad es buena y aunque pueda parecer contradictorio, las asociaciones nos han hecho dispersarnos. Parece que la asociación o movimiento nos llena por completo y nos olvidamos de la Iglesia. A veces ponemos más acento en lo que nos caracteriza que en lo que tenemos en común». También a veces se produce el llamado efecto «parroquia estufa», y eso nos empobrece.

La última parte de su exposición se ha traducido en propuestas concretas para promover el laicado social o que el laicado que existe responda correctamente, que pasamos a enumerar:

– La centralidad de todo es Jesucristo y debe estar presente en todo. No hay nada que merezca ser hecho si no es en nombre de Jesús, somos nosotros los que nos tenemos que convertir a Cristo. Cuando los cristianos se reconocen como un elemento para la evangelización y no como en un fin en sí mismo se enriquecen.

– Es necesario fomentar grupos de vida parroquiales, para vivir la fe en comunidad, si no hay una experiencia de comunidad básica no daremos el siguiente paso, que es crear la comunidad de comunidades.

– Necesitamos laicos apóstoles, no personas que vienen a celebrar un sacramento. Hay que crear un «hogar», no estar de paso. «Hay que deshacer las maletas e instalarse. Los procesos no tienen que tener fin, hay que articular peldaños».

– Proponer procesos de fe continuados, sin cortes o momentos donde no saber por donde continuar. Esto trae más trabajo, hay que estar coordinados. «Estamos más alegres cuando tenemos cosas que hacer, cuando trabajamos en su viña».

– A veces vivimos con urgencia que no hay grupos, que la gente no viene, entonces como estamos preocupados y desesperados, queremos soluciones que en poco tiempo, den mucho resultado. No las hay. «El modelo ‘microondas’ da resultados muy rápidos y se va, hay que imponer el modelo puchero«.

– Jesús eligió a doce. En la cruz todavía no sabían que pasada, cuando resucita tampoco. Y estuvieron 3 años con él, no con alguien que habla de él y cuando se les aparece hay veces que no lo reconoce. Los procesos son lentos. Los apóstoles tardaron tiempo en darse cuenta. Es necesario un trabajo continuado, «mañana es Pentecostés. Jesús les dice: Yo siempre estaré con vosotros«.

– Formación cristiana que recorre toda mi vida, durante toda mi vida y siempre formándose, es para ser no para saber. Una primera formación básica para ir después acrecentándola y madurándola y que sea integral.

– Aplicar planes diocesanos concretos y aplicables, sencillos, concretos. Y que de forma regular a los laicos de las parroquias se les pueda proponer asociarse como algo libre de elegir, y preparar sacerdotes para acompañar a los laicos.

– Antes de ofrecer algo es necesario que haya sed. ¿Cómo podemos despertar en las personas la conciencia de la necesidad de Jesucristo», debemos transmitir lo que nos ofrece a nosotros. «A veces transmitimos más los agobios que las alegrías y entonces no transmitimos curiosidad en la gente como los primeros apóstoles. La gente les decía: no sé lo que estas diciendo pero tienes una fuerza que a mí me atrae»

– Ser conscientes del sentido comunitario. Es mucho más fácil no complicarse la vida, quién ha dicho que evangelizar es fácil, estamos aquí por nuestra adhesión incondicional a Cristo.

Como conclusión final, Higinio Junquera ha destacado que estamos en un tiempo de frontera y transición, complejo, en el final de una época conocida, en el final de ciertas seguridades. «La evangelización hasta ahora daba sus frutos pero estamos en una época nueva que no terminamos de descifrar y nos desconcierta. No entendemos el presente ni vemos con claridad el futuro. Será breve este periodo, como todo hoy en día pero que es la antesala de un nuevo tempo, los tiempos de transición no son tiempos de espera, hay que prepararse para lo que viene. Un tiempo de esperanza, de convertirnos de nuevo para seguir evangelización, con personas a nuestro lado para mostrarles a Jesucristo por primera vez«. Evangelizar es apasionante. Así es que adelante. El espíritu santo que en pentecostés se derrama sobre nosotros nos empuja a seguir adelante.

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