Los mayores en la familia. Formación de Vida Ascendente

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Formación de Vida AscendenteEl pasado mes de marzo continuamos con las jornadas previstas para Formación de animadores de grupo, con el objetivo principal de preparar a los responsables y futuros responsables de grupo para impulsar el Movimiento Vida Ascendente, renovarlo, llevar la esperanza a los grupos y ofrecer a los mayores, orientación y apoyo para una vida mejor.

En esta ocasión, la charla-coloquio fue impartida por Mª del Pilar González Iglesia, responsable del grupo de la Parroquia de Santiago, que nos traslado parte de las enseñanzas recibidas en el Encuentro de formación celebrado en Madrid durante los días 26 y 27 de Noviembre pasado, al que asistió en compañía de Mª José Civantos Recio, responsable del grupo de San Mateos.

Comenzamos esta segunda en las dependencias de la Casa de la Iglesia de Cáceres con la asistencia de 24 miembros de grupo de diversas parroquias de Cáceres y Casar de Cáceres. Se inició la jornada con el rezo de la Oración Inicial de Vida Ascendente, siguiendo con la charla-coloquio que versó sobre «Los mayores en la familia», En principio se refirió a un testimonios del Papa Francisco: «Tuve la gracia de crecer en una familia en la que la fe se vivía de modo sencillo y concreto, pero fue sobre todo mi abuela, la mamá de mi padre, quien marcó mi camino de fe. Era una mujer que nos hablaba de Jesús, nos enseñaba el catecismo. El Viernes Santo nos llevaba a la procesión de las antorchas, y al final de ésta, llegaba el Cristo Yacente y la abuela nos hacía arrodillar y nos decía: «Mirad, está muerto, pero mañana resucita».

«Qué importantes son los abuelos en la vida de la familia, para comunicar el patrimonio de la humanidad y de la fe que es esencial para cualquier sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo entre las generaciones, principalmente dentro de la familia».

A continuación, Pilar centró la charla en tres aspectos de los Mayores en la Familia

1.- Identidad de los mayores; 2.- Vocación y Misión; 3.- Compromisos.

1.- Identidad de los mayores.- Ciertamente los mayores no somos una reliquia del pasado, ni unos viejos gruñones y achacosos, ni «discos rayados» que repiten machaconamente sentencias y consejos. Somos, -como dice Pedro Mari, nuestro Consiliario General de Vida Ascendente- «como una hucha que guarda en su interior un cúmulo importante de vivencias, sentimientos, éxitos, fracasos, entusiasmos, decepciones… En definitiva, experiencia».

Aun siendo cierto, que hoy el mayor ya no encuentra un puesto en el engranaje productivo de esta sociedad competitiva; es mas cierto que en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, los mayores estamos llamados a desempeñar un importante papel, como colaboradores eficaces de los padres en la formación de los hijos, como factor de equilibrio en las relaciones sociales, como testimonio vivo al servicio de la Iglesia. Los abuelos estamos llamados «al rescate» de la familia. El papel de los mayores es por tanto, clave en la sociedad.

Dijo frases tan hermosas como «Dichoso el niño que encuentra en su abuelo un amigo», «Dichosa la niña que encuentra en su abuela una confidente», «Dichosa la familia que encuentra en sus mayores serenidad, equilibrio, honradez, ternura», Dichoso el pueblo que encuentra en las personas mayores los testigos de su pasado; modelos de sensatez, laboriosidad y convivencia para el presente, y ve en ellos los guías que le asoman, orientan y guían al futuro».

«Una sociedad sin personas mayores es un pueblo sin historia». Los mayores son «libros vivos» y «memoria» de la comunidad humana. «Una infancia sin contacto con los ancianos es un desierto»; Estas frases reflejan la importancia de las personas mayores y cuál es su misión y su responsabilidad.

2.- Vocación y Misión.- Sobre la misión del mayor dijo, que no es hoy una tarea fácil. Hacer agradable la vida familiar es una tarea que nos corresponde a todos. Hay que poner en juego actitudes que favorezcan la cercanía y las relaciones: donación, diálogo, tolerancia, respeto, cariño, sentido del humor. ..Por una parte, se considera que los jóvenes creen saber más que sus padres y sus mayores. Los conocimientos de los mayores les parecen anclados en una época pasada -ya no sirven- la experiencia de los mayores es poco valorada; ha sido arrollada por la moda, el ritmo trepidante de la información y los poderosos medios de comunicación. Por otra parte, muchos mayores experimentan el deseo y la responsabilidad de intervenir en la vida de los más jóvenes para transmitir valores humanos -de los que tan necesitada esta hoy la sociedad. Pero no se atreven a hacerla, ni se sienten escuchados. Se les dice que no tienen razón e incluso se les niega el derecho a hablar. El «tú te callas, que de esto no entiendes», se va extendiendo cada vez más. Pero a pesar de todo, en el fondo, mayores y niños conviven, se comprenden, se apoyan y se entienden, porque son dos «debilidades» que se necesitan, se sostienen, se complementan y se aman. No, no es fácil ser abuelos, pero, quienes intentan serlo, son un manantial de alegría y un remanso de paz, de equilibrio y de serenidad; son una bendición para la familia, para la sociedad y para la Iglesia. Hoy sabemos que los mayores son espacios donde se acumulan experiencias que han ido adquiriendo a lo largo de su dilatada vida. Los mayores llevan en su interior el deseo profundo de realizar algo que dé sentido a la vida. Intentan transmitir esos valores por los que merece la pena comprometerse, luchar y vivir. Un mayor, tiene tiempo, calma interior y paciencia para sembrar alegría, ilusión, paz, esperanza, sensatez, valor. …. en el corazón de la familia. Como decía Manuel. Raventós. «Soy una candela, un cirio que se ha de consumir para dar luz y calor a los míos».

También expresó, que en esta sociedad y en esta iglesia que nos toca vivir, muchos mayores se sienten arrinconados, desplazados, aparcados ‘en «vía muerta», bloqueados por muchos prejuicios. En la soledad de sus días y en la oscuridad de sus noches, en estos mayores crecen las dudas, los temores, la sensación de vacío y de impotencia. Viven en permanente angustia. Pero existen otros mayores unidos, agrupados en movimientos como por ejemplo Vida Ascendente, que siguen caminando con esperanza, venciendo resistencias, superando dificultades, con un proyecto abierto a la esperanza. Al respecto dijo, que el papa Francisco señala estos caminos: El camino de la Alegría, El camino de la Oración y el camino de la Fraternidad.

3.- Compromisos.- Pilar, manifestó que, en un mundo que evoluciona y cambia, la familia está perdiendo su identidad, se están minando sus fundamentos y sus convicciones profundas. Parece, que hoy se intenta construir una familia «a la carta», condicionada por el pragmatismo de la cultura vigente y sometida a intereses consumistas y materiales. Se está implantando una valoración social de la familia puramente económica y utilitarista. Se pretende transformar la familia desde las leyes, los avances de la técnica, los planes y proyectos de las instituciones o de los partidos; es decir, «de fuera hacia dentro«. Se nos está ofreciendo un modelo de familia en el que lo que prima es el confort, el bienestar, el egoísmo, la fama y el placer, y se está rechazando todo lo que suponga sacrificio, lucha, entrega, fidelidad, respeto… Los mayores tenemos una misión que cumplir, unos compromisos que realizar: mantenernos activos, creativos, disponibles… Porque nunca es tarde para acompañar, para hacer el bien, para dar ánimos, para prestar ayuda. Los creyentes sabemos, como decía Fernando Sebastián en el Congreso de Apostolado Seglar, que «el Evangelio, la gracia de Dios, la acción de Cristo y de su Espíritu actúan siempre «de dentro a fuera«, contando con la intimidad de las personas, sus actitudes, su voluntad, sus aspiraciones». Los mayores, hemos visto la vida, la hemos experimentado, la conocemos bien, sabemos lo que la vida ofrece y lo que puede dar. Somos testigos de la vida y nos toca ofrecer nuestro testimonio a los que se lanzan a vivir. Ese es nuestro compromiso y nuestra tarea dentro de la propia familia.

Como conclusión nos dijo que Vida Ascendente nos recuerda que los mayores formamos parte de la familia, con derecho a ser atendidos, escuchados y cuidados. Pero también con la responsabilidad de participar en la misión de familia, de cooperar .a la armonía, al progreso, a la felicidad de todos sus miembros. En el camino de la madurez hacia la plenitud nos han de acompañar la gratitud, la fidelidad, la fecundidad, el servicio, la alegría, para tomar la vida y sus dones, para levantar con nuestras manos envejecidas la ofrenda de la existencia y presentarla a Aquel que es fuente y origen de la Vida. Los mayores estamos llamados a ser animadores de la vida familiar desde dentro, llenándola de fidelidad, comprensión, alegría y solidaridad, inyectando grandes dosis de paciencia, de ternura, de tolerancia, y de generosa entrega. Cuando la relación se rompe, muchos mayores ya no escuchan estas llamadas. Les basta con responder de sí mismos ante sí mismos. Viven una existencia solitaria, encerrados en un monólogo consigo mismos. Nos transmitió el pensamiento de Mercedes Vila, una ilustre catedrática de Valencia, una mujer maravillosa, una gran creyente: «Los mayores seguimos perteneciendo al mundo familiar, tanto para recibir, como para dar. Tenemos que saber «perder e tiempo» con los nuestros para transmitirles conocimientos y normas de conducta, pero sobre todo vivencias humanas y religiosas. Tenemos que enseñarles a ir hacía adelante partiendo de ellos mismos. Debemos llevarlos a Dios, desde la confianza y la acogida. No podemos pedirles que crean en Dios, que confíen en Dios, si nosotros no somos capaces de confiar en ellos. Qué Nuestra tarea consiste en «saber florecer donde Dios me ha plantado». Significa descubrir las pequeñas tareas que podemos realizar. Significa renunciar a la rutina, a la mediocridad, al pesimismo. Significa poner nuestras energías y nuestras cualidades al servicio de un gran objetivo: conseguir la armonía y la felicidad de la familia. En la comunicación y el diálogo con los demás miembros de la familia los mayores llegamos a la madurez, aceptando en este diálogo nuestras limitaciones, escuchando con interés lo que dice y piensa cada uno, respetando profundamente y queriendo a cada uno por lo que es y no por lo que nos gustaría que fuera, descubriendo la presencia de Dios en todas las cosas humanas, pequeñas y cotidianas, contemplando la vida con optimismo a través del mensaje cristiano.

Ofrecer el testimonio de la vida no significa sermonear, imponer, exigir que nos sigan, pedir que nos imiten, que hagan lo que nosotros hicimos. Pero sí decirles a nuestros hijos y a nuestros nietos, con gestos y palabras, con hechos y actitudes, que la vida es un gran regalo; que la vida merece la pena vivirla con intensidad, aprovechando todas las oportunidades, disfrutando todos sus momentos. Es un gozo ser miembro de una familia! Tener ilusión, tener esperanza, tener fe en la vida familiar, es la mejor manera de vivir y transmitir la alegría.

Sólo si vivimos con estas actitudes, con esta entrega generosa, con estas nobles aspiraciones, podremos contribuir a que la familia sea corazón de la sociedad y de la Iglesia.

Dios ha querido que hagamos de nuestra familia un hogar en el que podamos vivir y ser felices todos. No nos ha puesto en él para ver qué pasa -para ser espectadores, sino para Crear, para hacer que algo pase -para ser protagonistas activos, que hacen que su plan de salvación se realice. La tarea de los mayores, como la del sembrador, consiste en preparar la tierra, abrir surcos y depositar-en ellos la semilla. Lo nuestro no es cosechar éxitos, cansar a los nuestros, imponer nuestra moral, nuestros criterios y convicciones religiosas. Nuestra misión es sembrar en el corazón de la familia con realismo, con confianza inquebrantable, con esperanza gozosa.

Al término de la charla, celebramos la Eucaristía presidida por nuestro Consiliario Luis Vidal Arias y finalmente los asistentes, compartimos comida de hermandad.

El Secretario. Damián Muñoz

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