Los voluntarios del Programa de Personas Sin Hogar celebran una convivencia en Centro Vida

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En las instalaciones de Centro Vida se reunieron 30 personas entre voluntarios, trabajadores contratados y participantes del programa de personas sin hogar, con el fin de dar la bienvenida a las nuevas incorporaciones y organizar las actividades para este nuevo año. Fue este pasado viernes, 3 de febrero.

Actualmente, el voluntariado lo conforman 14 personas desarrollando diferentes tareas. Charo es de las más antiguas, «llevo 12 años acudiendo tres veces por semana a preparar la comida y la cena para las personas que aquí viven. Para mí este voluntariado supone una realización personal, un aprendizaje humano y el cumplimiento de mi compromiso cristiano«, cuenta la esta voluntaria veterana.

Raimundo, el que fuera Secretario General de esta Cáritas Diocesana lleva desde el año 2007 incorporado a este voluntariado, «mi tarea ha sido acompañar a aquellos que necesitaban acudir a alguna cita del tipo que fuera, cubrir sus momentos de ocio llevándoles de excursión, por ejemplo a los Barruecos, etc.. Ahora que mi edad no me permite tanto atrevimiento, les dedico la tarde del sábado en la cual pasamos el rato jugando al dominó o simplemente charlando», añade. Y es que para Raimundo este voluntariado es trascendental: «para mi supone una entrega a una labor en la que puedo asegurar que más que dar, recibo«.

Sara hizo las prácticas de educación social el curso pasado, quedó tan impregnada del trabajo que desarrolló y de todo lo que le aportaron las personas con las que trató, que no dudó en hacer un hueco en su vida para dedicar parte de su tiempo a servir como voluntaria en Centro Vida. «Fue una experiencia muy gratificante ya que no solo desarrollé mis prácticas sino que también descubrí un colectivo que me llena y al que puedo ayudar de diferentes maneras«, explica Sara.

Vivir en la calle es el resultado de una serie de circunstancias que podría sufrir cualquier persona: exclusión del mercado laboral, deterioro de las redes sociales, pérdida de recursos, etc. Factores que se pueden acentuar si aparecen enfermedades, trastornos mentales o adicciones que agravan la situación de vulnerabilidad.

«Desde Cáritas Diocesana de Coria-Cáceres seguimos apostando por el trabajo en favor de las personas en situación de máxima exclusión», destacan desde la entidad.

En el Centro Vida se cubren las necesidades básicas de las personas que se han quedado sin hogar, e intervienen acompañando procesos personales, formativos, etc., que potencian la recuperación de la plena autonomía. Para ello, se necesitan voluntarios, a los que se ofrece formación y acompañamiento para que día a día se vayan haciendo a esta tarea tan motivadora e importante.

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