MARCA LA CASILLA DE LA IGLESIA EN TU DECLARACIÓN DE LA RENTA

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El lema de la Campaña de la Renta de este año: «Ayudas a la Iglesia. Ganamos todos» hace comprensiva, una vez más, la definición de que «Iglesia somos todos» y, cuando ayudamos a la Iglesia nos ayudamos a nosotros mismos y, por tanto, ganamos todos.

Quisiera primero explicar por qué se produce este hecho de poder determinar quién puede gestionar parte de nuestro Impuesto sobre la renta.

Se encuentra vigente en la actualidad el Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre asuntos económicos, firmado en el Vaticano el 3 de enero de 1.979, en el que en su artículo II, apartado 2, se dice: «El Estado podrá asignar a la Iglesia Católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto u otra de carácter personal, por el procedimiento técnico más adecuado. Para ello, será preciso que cada contribuyente manifieste expresamente en la declaración respectiva, su voluntad acerca del destino de la parte afectada.»

Posteriormente, la Ley 46/2006, de 28 de diciembre, en su disposición adicional decimoctava, dice: «Revisión del sistema de asignación tributaria a la Iglesia Católica. Uno. Con vigencia desde el 1 de enero de 2.007 y con carácter indefinido, en desarrollo de lo previsto en el artículo II del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Asuntos Económicos, de 3 de enero 1.979, el Estado destinará al sostenimiento de la Iglesia Católica el 0,7 por 100 de la cuota íntegra del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente a los contribuyentes que manifiesten expresamente su voluntad en tal sentido.»

Por tanto, desde este momento todos los españoles podemos ejercitar el derecho a que sea la Iglesia Católica quien gestione el 0,7 por 100 de nuestros impuestos, siempre y cuando pongamos la X en la casilla correspondiente de nuestra Declaración de la Renta. En consecuencia, somos nosotros y no el Estado quienes decidimos la gestión de una parte de nuestros impuestos y, por tanto, no existe partida en los Presupuestos Generales del Estado para subvencionar a la Iglesia Católica. Por cierto, en el año 2.010 un total de casi 7,5 millones de españoles pusimos la X en la casilla de la Iglesia Católica.

Y esta contribución a la Iglesia no es una mera casualidad, sino el convencimiento que tenemos de la correcta utilización de estos fondos para la atención a los más necesitados, que saben que la Iglesia es quien les atiende y acompaña en sus dificultades.

Sería pretencioso el relacionar todos y cada uno de los campos de actuación, pero si daremos unas pequeñas pinceladas:

Centros de acogida y ayuda con suministro de alimentos, pago de recibos de luz, agua, alquileres, medicinas, tanto para españoles como inmigrantes, existentes en la mayor parte de nuestras Parroquias.

Residencias de ancianos y centros de día, en los que se atienden las necesidades de un colectivo que no tiene acceso a las residencias públicas y menos aún de las privadas.

Comedores sociales, donde son miles las personas que diariamente reciben un sustento que no pueden adquirir y donde, normalmente, se les procura aseo y vestido.

Centros de atención a minusválidos físicos y psíquicos, con residencia y atención permanente.

Centros para rehabilitación de drogodependientes.

Colegios para atención de miles de niños y jóvenes en los ciclos obligatorios de la enseñanza, así como de formación profesional.

Supermercados de alimentación, en los que se facilitan toda clase de productos para el hogar, incluidos alimentos, a bajísimo coste, a veces menos del 25% del precio de mercado.

Centros de formación y acompañamiento de la mujer.

Pero quizá, aun siendo lo anterior muy importante y más en estos tiempos de penuria que vivimos, lo primero que yo diría es que la Iglesia mantiene en España más de 22.000 parroquias, abiertas a todos sus fieles y también a todos aquellos que tienen algún tipo de necesidad. Ahí, en esas parroquias, es donde se establecen los primeros contactos y lazos con los más necesitados. Aquí es donde mejor se nota que todos somos Iglesia.

Así, con este convencimiento, debemos destinar la parte de nuestros impuestos que la Ley nos permite, a que esta ingente obra se pueda mantener y continuar, para lo cual se nos pide un sencillo gesto: «Colocar una X en la casilla correspondiente de nuestra declaración de la renta.» Pensemos en ese momento que todos somos la Iglesia, si somos creyentes, o que colaboramos al establecimiento de un mundo mejor, si no lo somos.

Si deseamos aplicar el 0,7% también a otros fines sociales, debemos colocar la X en la casilla que dice «Ambas», pues en caso contrario se borrarían las dos opciones.

Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres

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