Más de 500 personas se reúnen en la Peregrinación Nacional de Migrantes a Guadalupe

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El domingo 24 de abril más de 500 personas de distintas nacionalidades participaron en la «Peregrinación de migrantes con destino a Guadalupe». El motivo: «acudir a la casa de la madre para sentirnos hermanos en este año Jubilar Guadalupense, unido al año de la Misericordia» señalaba Ciriaco Benavente, obispo de Albacete, que presidió este encuentro como representante de la Conferencia Episcopal Española en el secretariado de Migraciones. También asistió ángel Fernández, obispo auxiliar de Toledo.

De madrugada salieron autobuses desde Toledo, Huelva, Cádiz, Mérida-Badajoz, Plasencia y Coria-Cáceres para que los peregrinos comenzaran a las doce en punto la celebración de la Eucaristía en este maravilloso monasterio y basílica.

En la homilía, Benavente resaltó que «Dios nos ha hecho como una artesanía, no de serie. Somos diferentes, distintos, pero hermanos. A pesar de las tribulaciones, nuestra esperanza es que ya no habrá llanto ni luto ni dolor. Aunque los jinetes del Apocalipsis, de la guerra, la violencia, la injusticia, siguen dejando tanto sufrimiento. El Mediterráneo convertido en cementerio nos habla del viejo mundo que ha acabado. Europa, ¡qué triste!, la pionera de los derechos humanos, cierra sus fronteras a los hermanos que huyen. No hay una crisis social o económica. Hay una crisis de valores profundos. Europa ha olvidado las raíces cristianas. «Hijitos, amaos los unos a los otros, como yo os he amado» Esto es lo que falta en el corazón de Europa, en la civilización occidental. Cuando nos queremos, se acaban las fronteras, pues sabemos reconocer el rostro de un hermano. Esto no está pasado de rosca, ni de moda. Sin esto, este mundo va a la deriva». El prelado terminó pidiendo que la Virgen María como «buena valedora», nos ayude a cambiar los corazones. Y que la Iglesia no se cierre, que salga con los brazos abiertos a toda persona de cualquier raza, cultura o religión, para «que siempre encontréis en la Iglesia vuestra propia casa«.

A continuación, después de disfrutar del sol primaveral en la acogedora plaza de Guadalupe, pasaron a compartir la comida, generosa en variedad y cantidad, y rica en compartir vivencias. La fiesta trajo ritmos de todas las latitudes. A los pies de la Virgen compartieron un último momento de oración que dio paso a la subida a venerar la imagen de la «morenita».

La organización ha contado con la acogida fraterna de la Comunidad de Franciscanos, y con la gran ayuda del grupo Scout Sant Yago de Cáceres.

En todo momento, en esta peregrinación, se respiró un ambiente cálido y alegre, «ha sido un motivo de gozo y una expresión de fe al sentirnos como una comunidad de hermanas y hermanos» explican desde el grupo Suma2, el secretariado de migraciones de nuestra diócesis. «Hemos ido a Guadalupe, ante la Virgen patrona de Extremadura y de la Hispanidad, para decirle que queremos seguir caminando en la hermandad que haga posible un mundo nuevo«.

Grupo Suma2 de Coria-Cáceres

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