Más de un millón de personas han abandonado sus hogares por el conflicto en República Centroafricana

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Más de 1 millón cien mil personas han abandonado sus hogares a causa de la espiral de violencia desatada en República Centroafricana por parte de varios grupos armados, que podría perpetuar la situación de conflicto en el país, según ha alertado hace un mes Naciones Unidas.

Los últimos combates entre milicianos del grupo Séléka y los antibalaka dejan en el país una situación de calamidad, con destrucción, muerte y dolor.

Allí está la diócesis de Bangassou que tiene a Monseñor Aguirre al frente. él fue noticia el pasado mes de agosto por hacer -otra vez de escudo humano para salvar a miles de civiles musulmanes que estaban siendo perseguidos por los antibalaka para aniquilarlos.

En aquella diócesis trabaja la congregación de Hermanas franciscanas de la Inmaculada Concepción. La Hermana Ila Edir Oachante de Perú y la Hermana Merit Beatriz Alfaro de El Salvador, estuvieron en la casa de ejercicios de Cáceres y nos acercaron a la situación del país centroafricano.

Ila Edir lleva dos años de misionera, «para mí es una experiencia muy grande, desde pequeña anhelaba ser misionera en áfrica. Hace dos años me lo pidieron, lo llevo en mi corazón, amo la misión». La hermana Merit Beatriz lleva un año y medio en las misiones trabajando, en Centroáfrica.

Su labor consiste en la parte pastoral de la educación y en apoyar al párroco. Cuentan con 1050 alumnos en una escuela del pueblo, y otra escuela a 50 km, que es más pequeñas y varios jardines de infancia. En la labor pastoral apoyan la tarea de los acólitos. En la parte parroquial, también animan al grupo de renovación carismática. En centro áfrica existe un grupo de niñas que bailan durante la misa alrededor del altar, a ellas se les da formación.

«En esta misión, para atender a tantos niños, sólo somos tres. éramos cuatro pero una de ellas tuvo que huir a causa de la guerra. Tenemos ayuda de los maestros. La educación allí es empezar de cero», cuentan. «La educación en serio ha llegado a través de las hermanas, cuando la hermana Georgina llegó en 2004 tenía muchas jóvenes en el grupo vocacional, 25 o 30 querían ser religiosas, pero no tenían estudios básicos. Ella es maestra y venía con mentalidad de misión, y enseñó a todos. Mons. Juan José Aguirre que es nuestro obispo, le invitó a abrir una escuela, y a partir de ahí las escuela primaria funciona desde el 2008″.

Pero esta realidad se ha encontrado de bruces con la guerra. En enero de 2016 se inició la guerra en Bakuma, donde las hermanas también tenían una casa de misión. «Teníamos otra escuela, allí es donde se inició la guerra, entre un grupo de rebeldes contra los musulmanes, los rebeles antibalakas atacaron a los musulmanes y los mataron a todos. Las hermanas tuvieron que huir de la misión e ir a otra zona de la diócesis. Poco a poco se fue tranquilizando la misión, pero fueron entonces los antibalakas a atacar otra zona y saquearon la misión. A partir de aquí la guerra es imparable. Los antibalakas son centroafricanos que no quieren la presencia de musulmanes en ese país».

Al final en una guerra todos sufren. Lo vemos en los rostros y en la voz de estas hermanas que están desoladas por las atrocidades que han visto. «Esta guerra es a causa de hace 5 años, y de nuevo, vuelve la venganza y el odio», sentencian. En 2013 un grupo de milicias del norte del país se unieron en lo que llamaron coalición Séléka e invadieron el país con ayuda de mercenarios de Chad y Sudán. Desde entonces se desató una cruenta guerra civil con las milicias cristianas Antibalaka que ha virado hacia un conflicto religioso.

En el mes de agosto, la guerra llegó hasta Bangassou donde está la catedral y cerca de 2000 musulmanes se refugiaron en la mezquita. «Mons. Aguirre fue hasta allí y se puso en la puerta de la mezquita e hizo de escudo humano. Los antibalakas que dicen ser -en teoría cristianos, respetaron la presencia de monseñor. Y él se llevó a los musulmanes al seminario menor de Bangassou. Allí les dio refugio. En nuestro pueblo de Semio escuchábamos todo lo que pasaba en otros pueblos, nos decían que la guerra iba a llegar hasta donde estábamos nosotras. Así fue», continúa su relato la hermana Merit.

«El 28 de junio se inició la guerra en nuestra zona de misión. Sufrimos cinco ataques fuertes. Allí no han podido con los musulmanes, ellos se han defendido. Casi todo el pueblo de Semio está destruido. Han matado cristianos, les han saqueado los negocios, había presencia de muchas ONGS, la población estaba empezando a superarse. Y ahora todo ha sido quemado, saqueado, destruido… Allí convivían en paz unos y otros hasta que se desató la guerra, incluso en nuestra escuela está abierta para musulmanes y cristianos«. Las hermanas declaran que estos años se había trabajado por la cohesión social, la paz.

El primer domingo -la guerra empezó un jueves, celebraron la eucaristía con 1.500 refugiados en la casa de los sacerdotes, tres centros de refugios y otra en el hospital, que atiende Médicos Sin Fronteras y otro atendido por las Naciones Unidas.

«El padre nos dijo que había muchos cristianos en el hospital general y nos pidió que le acompañásemos al hospital. Ese día pasamos por el barrio de los musulmanes todo estaba intacto, no se había tocado nada. Después llegamos al barrio cristiano y todo estaba destruido. Al pasar frente a los musulmanes salieron y nos dijeron que con nosotros no tenían ningún problema, ni con el sacerdote ni las religiosas. También a las mujeres y niñas les perdonaban la vida, pero los niños y hombres morían todos. Que tenía que ser así porque les habían atacado y se estaban defendiendo. Sufrimos muchísimo con esta situación«.

Las hermanas finalmente tuvieron que marcharse porque la situación se volvía cada vez más difícil. «Nosotras queríamos estar acompañando al pueblo de Dios, queríamos estar con ellos. Escuchábamos los gritos, el fuego… Sufríamos por los niños que los conocíamos. Nada estamos haciendo aquí nos decíamos, no había alimentos, estuvimos atendiendo quince días a los refugiados, nos hizo salir esa impotencia, quemaron las casas, los ancianos morían, los niños enfermaban…»

Las hermanas reconocen su dolor e impotencia. «Fue una decisión muy difícil para todas. Ellos nos preguntaban si íbamos a volver, irnos para ellos fue enfrentarse con la dura realidad, dolorosa para ellos y para nosotros». Varias agencias de ayuda humanitaria, como Médicos Sin Fronteras -MSF y Plan Internacional, también han tenido que suspender sus operaciones en el país dado que los milicianos saquean sus instalaciones, matan a sus agentes y asaltan sus centros de salud.

Mons. Juan José AguirreMonseñor Juan José Aguirre, no cree que el conflicto armado se calme en próximas fechas «No lo tengo nada claro. Las armas siguen llegando de los países del golfo, los grupos más radicales yihadistas siguen entrando en el centro de áfrica como quieren».

«La vocación de todo misionero, también de los Combonianos, es la de estar con los más pobres», seguía monseñor Aguirre: «Cuando estamos con los más pobres no hay religiones, no hay musulmanes, ni hombres ni mujeres».

El Papa condenaba en el mes de agosto la oleada de violencia en República Centroafricana, donde se han perpetraron crímenes contra cristianos. «Deseo que cese toda forma de odio y de violencia homicida y que no se repitan más crímenes así de vergonzosos, perpetrados en lugares de culto donde los fieles e reúnen para orar».

Las hermanas recuerdan: «es muy doloroso lo que está pasando. La república centroafricana es un país pobre y por eso no es noticia. Nuestro obispo lo denuncia, pero a nadie le interesa lo que está pasando». No olvidemos a nuestros hermanos que sufren, ayudemos a través de las instituciones de Iglesia. No cerremos los ojos a esta realidad.

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