#HazMemoria #HMMigraciones “El migrante es un hijo de Dios que necesita también espacios para vivir la fe”

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Ángel Martín Chapinal es el delegado de personas migrantes y refugiadas de Coria-Cáceres

En este reto tiene ayuda. Su respaldo son voluntarios que, junto a él, integran la delegación, bajo el nombre Suma2. Un equipo de distintos perfiles, migrantes y nativos, “para facilitar el trabajo con los migrantes de los distintos países”, puntualiza. Y recuerda que es una misión en nombre de toda la diócesis.

Promueve que las parroquias sean un lugar de encuentro y de integración. Sabe, por experiencia, que muchas personas migrantes necesitan seguir viviendo aquí su fe.

¿Pensó alguna vez ser delegado de migraciones de esta diócesis?

Mi vida está marcada por la experiencia de la emigración, de la movilidad humana. Mi padre pastor de ovejas, trashumante. Bajar a Extremadura marcó mi vida, a partir de ahí he sido sacerdote.

El tema de la emigración lo he vivido antes de ser delegado, siempre he procurado que el migrante fuese acogido y tratado como Dios nos pide.

¿Cómo ha sido la experiencia en estos años?

La experiencia de estos años ha sido impactante. Han sido experiencias difíciles, muchas veces te quedas impotente ante los problemas. Otras muchas, ha habido alegría y mucho agradecimiento por parte de los migrantes. Hemos escuchado historias de vidas marcadas por la violencia, las maras, la guerra, las pateras, la calle… Todo es vida, aunque se sufre. Nuestra diócesis, que sigue siendo diócesis de emigración, está acogiendo a los migrantes como si fuese su casa. No debemos permitir que el racismo y la xenofobia entren en nuestra casa.

Lucha porque la iglesia, a través de las parroquias pueden ser un lugar de encuentro y de integración ¿Cómo se trabaja desde la delegación está “acogida en la fe”?

Me llamó la atención en la ordenación de nuestro Obispo que el Nuncio le pregunta: “si con los pobres, con los inmigrantes, con todos los necesitados quiere ser bondadoso y comprensivo siempre”. El obispo responde “sí, quiero”.  Es una pregunta directa, para todo un compromiso. Entiendo que la respuesta no es solo del obispo. En ese “sí, quiero” estamos todos incluidos. Cada párroco asume ese compromiso con los migrantes, cada cristiano también. Las parroquias están llamadas a ser espacio de acogida. El migrante es un hijo de Dios que necesita también espacios para vivir la fe. Necesita que se le abra la Parroquia en todas las dimensiones, que no se le reduzca solo a recibir caridad.

Existen diversas iniciativas de encuentro y convivencia con los migrantes. Cuéntenos algunas.

Cada año en septiembre tenemos la Jornada Mundial del Migrante con las otras diócesis extremeñas. Un día de encuentro y convivencia con más de 300 migrantes.

Otro ejemplo, en la misa del domingo del Buen Pastor en Cáceres, cada vez que llega un migrante nuevo se presenta y se le acoge. Celebramos la Hispanidad, el patrón de algún país, ofrecemos la eucaristía por los que mueren en las fronteras, en el Mediterráneo… El Festival Intercultural de los Pueblos del Mundo en Cáceres, rastrillos solidarios, convivencias, cinefórums, noche de San Juan… La cena de Nochebuena es la actividad más entrañable, pues se celebra junto con aquellos migrantes que no tienen cerca a su familia. Acabamos con la Misa del Gallo.

Nos preocupa el gravísimo problema de la trata. Por ello hemos creado un grupo de personas que se están formando. La idea es poder abrir un espacio de escucha y acogida.

¿En qué se ha avanzado y qué queda por conseguir en la pastoral de migraciones?

“Las personas migrantes son una oportunidad de enriquecimiento y de desarrollo humano integral de todos” nos dice el Papa Francisco en Fratelli tutti (133). La migración es una oportunidad para incorporar a nuestras parroquias la acción misionera concreta y de primer anuncio. Si los migrantes se integran en nuestros grupos parroquiales, son ellos los que nos anuncian el Evangelio.

Falta escuchar más a la ONU y al Papa Francisco. Que se quiten tantas trabas burocráticas, tres años para ser regularizados son demasiados. Es mucho sufrimiento. En los próximos 20 años en España vamos a necesitar 7 millones de trabajadores. Los políticos tienen que retomar este tema y buscar soluciones en profundidad. La Iglesia quiere colaborar, por eso apoyamos la campaña de 500.000 firmas para la Regularización.

La migración es un signo de los tiempos y todo signo de los tiempos nos tiene que remitir a Dios que pasa a nuestro lado y nos dice: “Descálzate que estás pisando tierra sagrada” cuando te relacionas con el migrante y refugiado. Es Palabra de Dios.

#HazMemoria

#HMMigraciones

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