Miguel Márquez: La humildad es lo que nos demuestra la presencia de Dios en una persona

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Miguel Márquez, licenciado en Teología por Comillas y autor de libros de espiritualidad, expuso una profunda ponencia, aludiendo en numerosas ocasiones a santos, -en especial a Santa Teresa, así como a místicos y comunidades religiosas. Bajo el título: «La espiritualidad eclesial de la unidad». Se declaraba, además «hijo» de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz.

«El título es apasionante», afirmaba. «Un título muy candente, la espiritualidad eclesial de la unidad, buscamos la unidad y la verdad. Dice mi padre general que cuando las personas no saben a dónde van pero buscan la verdad sin buscarse a sí mismas por algún lado se hace la luz».

Antes de iniciar su intervención, pidió a los presentes un momento de oración, disponerse a recibir al Epíritu Santo.

«La espiritualidad cuando es verdadera, crea comunión, humanidad y está enraizada en un Dios que es Trinidad, que es familia».

«La unidad es nuestra vocación: orienta nuestras dispersiones personales y comunitarias silencio y le pedimos al Espíritu que se nos aliente. Acogemos al Dios que quiere pasar y regalarnos su gracia y su paz».

«Tenemos una necesidad permanente de definir nuestra espiritualidad», pero alerta, hay grandes riquezas y tesoros y también trampas y mentiras. «Los más exitosos caminos espirituales también tienen sombras. Tenemos necesidad de discernir es una tarea permanente».

Por otro lado, alertó también de uno de los riesgos de nuestra iglesia. «Un pecado universal muy frecuente es que poseemos la verdad, decía Benedicto XVI que nosotros no la poseemos, él nos posee, porque Cristo es la verdad, él nos toma de la mano en el camino de nuestra búsqueda apasionada del conocimiento. Así lo explicaba el Papa de un discurso a la curia vaticana en 2012», explicaba.

«Queremos ser espirituales de veras y necesitamos luz. Hoy asistimos a un supermercado de espiritualidad -… No importa la verdad sino la posverdad. Vivimos en un mundo roto, vacío a la deriva, el triunfo de lo ligero, lo descomprometido, no mojarse. -… Sin embargo, del mundo nos llega un grito: solidaridad, necesidad de austeridad, sencillez…»

También Miguel Márquez aludió a la actualidad: «la moda rescata elementos seculares envueltos en papel de novedad, meditación, mindfullnes, coaching…»

Actitudes para allanar la tierra de la unidad

El religioso indica que es necesario «preparar la tierra de la unidad. La unidad no es una conquista estratégica fruto de la diplomacia, es un don en la tierra de las contradicciones.»

Y se plantea cómo cuidar esta tierra y ofrecer algunas claves:

Primero comunicación, «necesitamos comunicarnos y comprendernos en la diferencia. No imponer sino proponer, no justificarnos sino escuchar y entregar la vida. No condenar sino poner en verdad. Estamos amenazados de prisas, de dispersión, nos cuesta la simplicidad del corazón. Los agentes de pastoral no se cansan por hacer muchas cosas sino por no estar unificados, la falta de un Amor que nos quiere encontrar».

Aprender de nuevo, «el verdadero sabio se pasa toda la vida aprendiendo, siempre está dispuesto para aprender. Quien camina está siempre en actitud de asombro. Decía Teresa de Jesús, que tenemos que bajar al valle de la humildad».

Orar. «No sabemos orar como conviene estamos aprendiendo dice el Evangelio. Hay mucho discurso y conocimiento pero nos falta descubrir cómo Dios nombra mi vida en este momento. Cada vez que estamos en oración su mirada me nombra, cada vez con matices nuevos. Yo no sé quién soy, mi vocación la voy redescubriendo, me resitúa».

Espiritualidad diaria. «¿Es posible respirar de otra forma el presente sin tener que «huir» a la ermita? Sí, y decir aquí estoy, presente, atento. La verdadera espiritualidad te trae al presente decía Isabel de la Trinidad.

Arriesgar la vida. «No se vive de verdad a esta unidad y comunión sin arriesgar la vida. Hay ocasiones en que nuestra vida se queda fosilizada, anclada, lo peor del don de Dios es no entregarnos del todo».

«Frente a la amargura y el cansancio, tenemos que ser expertos en humanidad, curar las heridas del desamor. Los místicos, los santos, tuvieron una exquisita unión entre santidad y humanidad, cuanto más santa es, más humanidad tiene.»

Finalmente, estamos aquí para aprender a amar y dejarnos amar. «Recordando que amar significa amar y besar la herida, la grieta, dejarnos besar en el corazón de nuestra fragilidad. La oración como ejercicio de silencio sin juicio, de comunión en la raíz.»

Después mencionó algunos fragmentos de los últimos Papas en los que hablar de cómo allanar la tierra de la unidad.

Así, aludió a Juan Pablo II: «La iglesia necesita y quiere ser casa y escuela de comunión, este es nuestro desafío, el hermano me pertenece, la Trinidad, Dios habita en él. Vigilar las máscaras de comunión aparentes ambiente de comunión que encierran la falta de verdadera amistad, difícil convivir en fraternidad. Uno de los retos de la vida religiosa y cristina, en familia, es convivir. Reto entre los pastores y el pueblo de Dios.»

«Restaurar la confianza, hablarnos de frente, con sinceridad, estimarnos, valorar, conocer al otro, acoger y asumir las distintas vocaciones, no buscar la uniformidad. Acoger al otro en lo diferente. Saber entrar en la entraña de otras vocaciones. «

Benedicto XVI, en discurso del 21 de diciembre, «el verdadero diálogo no se dirige a la conversión y a convencerle, sino más bien a la comprensión. El diálogo no trata de convencer, trata de comprender».

Papa Francisco, también habla de «desmitificar idealismos de partido, cribar prejuicios viscerales. En Evangelii Gaudium y en otros momentos, el Papa habló de santidad, no importa el número, importa dónde está el corazón y la entrega de la vida.»

«La humildad es lo que nos demuestra la presencia de Dios en una persona. La verdadera humildad nos hace ser humildes, la virtud de los valientes. Santa Teresa se refiere a ella en numerosas ocasiones.»

«Que los santos nos contagien de alegría en la capacidad de avanzar hacia el otro.»

Finalizó su intervención con un momento de oración en el que se repartió una imagen de un Icono en el que pidió la participación de todos. Y una concha del lago de Tiberíades, donde acude cada año en peregrinación con los jóvenes.

Se trataba de un icono del siglo XIV de una iglesia de Alemania, recoge los apóstoles y María en pentecostés, «hay un espacio para la acogida, hay un hueco para acoger al Espíritu Santo, un huésped inesperado. Cada apóstol de un color, todo es circular, a la eucaristía, al mesa, el banco, un comentarista dice que están sentados en el torno del alfarero, dispuestos para dejarse hacer. Darles vida, una vida nueva».

«En esa caracola se escucha una pregunta: «¿Me amas? ¿Me quieres? Dios no te reprocha. Tenemos la necesidad de volver a la sencillez del padre. Tú eres mi hijo amado y el otro, tu prójimo también es mi hijo amado.»

Y lanzó una particular bendición:

«Que Dios te bendiga con:

Con la ira frente a la injusticia de la explotación.

Con lágrimas por aquellos que sufren dolor, el rechazo, la guerra para que estés a su lado.

Con la suficiente locura para creer que él puede hacer en este mundo lo que no imaginas con tu pobreza.

Con la noche para que te abras a una luz mayor a una verdad que tienes que descubrir todavía, para que descubras Mi mirada que siempre ha estado ahí.

Con soledad y abandono, para que te des cuenta de quién eres y quienes son los demás, que aprendas a amar.

Con el cansancio para que por fin descanses de ti mismo y de pretender lograr, que no trates de agradar que aprendas a respirar, y contigo, ahora sin esperar a mañana

Con la pobreza, la desnudez y el vacío que te asusta para que busques la verdadera belleza y busques evangelizar con los pobres.

Bendícenos con lo que más falta nos hace, con la comunión de verdad, bendiciones como a Ti te place como deseas como te dé la gana Señor.»

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