Mons. Jesús Sanz Montes “La tarea de la Iglesia es que se perciba nuevamente a Cristo como contemporáneo”

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El prelado ha agradecido a todos la invitación, especialmente a don Francisco Cerro, obispo de Coria-Cáceres, buen amigo suyo. Para Mons. Sanz, es una dicha compartir el sínodo diocesano de Coria-Cáceres. Su ponencia sobre los retos de la Iglesia en la misión evangelizadora del mundo de hoy ha comenzado con una clave básica para los cristianos, y para la vida: no cansarnos nunca de estar empezando siempre. «Hay aspectos inmutables, pero hay aspectos de la vida cristiana que pueden modificarse, coyunturales. No hay que tener rigidez fosilizante. Por el contrario no han sido tampoco pocas las ocasiones en que queriendo aligerar el mensaje cristiano se ha terminado traicionando lo esencial«.

Esto es lo que explica y exige un humilde discernimiento donde quede salvada la gloria de Dios, la comunidad de la Iglesia y también poder dar una respuesta al hombre.

«No hay fecha de caducidad en la palabra de Dios«, añadió el prelado, «responde al corazón humano sean cuales sean sus condiciones espacio temporales». Esto ha sido resaltado en la exhortación postsinodal sobre la palabra de Dios de Benedicto XVI: «solo dios responde a la sed que hay en el corazón de cada ser humano». La Palabra de Dios dialoga con el hombre contemporáneo: «que nuevamente se perciba a Cristo como contemporáneo, esta es la tarea de la Iglesia. Sin duda esto llena de sentido la motivación de un sínodo diocesano. En el sínodo, oramos, expresamos la comunión fraterna, analizáis con rigor la realidad actual, buscáis el bien que glorifica a Dios y bendice a los hermanos».

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium analiza el riesgo del mundo actual: «cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, no queda espacio para los demás, no se escucha la voz de Dios, no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Entonces se convierten en seres resentidos, quejosos y sin vida. Esa no es la opción de una vida plena. Esa no es la vida en el Espíritu«, añade el arzobispo de Oviedo citando al papa.

Actualmente vivimos un desafío en la Iglesia: ser relevo de las generaciones anteriores. «representáis a vuestros hermanos diseminados por la geografía diocesana, os sentís herederos de la fe y la caridad, de quienes os han precedido en la vida y en la creencia«.

Después continuó con la pregunta de para qué vale un sínodo, y aludió a los discípulos de Emaús: «¿qué conversación lleváis por el camino? Nos dice Jesús como a los discípulos de Emaús, el relato es la narración de los recuerdos y de los pesares con los que aquellos dos discípulos, ponían fuga en sus corazones frustrados, una historia cristiana del primer momento conviviendo con el maestro, que termina en el desencanto. Cualquier comunidad cristiana puede caer en esto, por una temerosa espera del futuro, o tristeza del presente o rechazo del pasado».

A veces vienen tres tentaciones en la categoría temporal: «Cuando estamos así, nos entran las nostalgias por los tiempos pasados, las tristezas por los tiempos presentes y las desesperanzas por los tiempos futuros, pero de estas tentaciones vale decir lo que nos dijo Jesús cuando nos enseñó el Padrenuestro: que nos libre del mal y la tentación. Nada de esto nos ayudará a descubrir el reto que se nos hace aquí a los cristianos como iglesia enviada: ser capaces de anunciar un mensaje que no tiene tiempo y hacerlo en una encrucijada que tiene todas las coordinadas históricas de nuestra época -celeridad, inmediatez, tecnología…. Ahora no hablamos de un cambio de época sino de una época en continuo cambio«. Hemos de colocar el evangelio en este gran desafío cultural, mundo neopagano y postcristiano.

La presencia cristiana no siempre ha sido fácil de expresar, cuando hemos vivido un «desalojo» de Dios. «Es un reto. Se puede percibir actualmente el cristianismo como un intruso, un enemigo del hombre, de su felicidad de su libertad. Dios viene al encuentro y yo le busco, es lo que llamamos revelación, la palabra de Dios que se hace encontradiza, que escuchándola me corresponde».

El prelado continúa diciendo que el cristianismo ya no es referente único de la civilización occidental. El paisaje cultural que habíamos vivido durante siglos y en España durante décadas: «Todo se vivía como cristianos. Pero los rasgos con los que Francisco dibuja el panorama actual oscila entre la autoreferencialidad y el egoísmo, esto sólo se superará con el encuentro personal con Cristo«. El papa no ahorra en su mensaje en críticas a la economía de la exclusión, el fetichismo del dinero, la cultura del descarte, el afán de poder, el afán de tener que no conoce límites, la iniquidad de la violencia y el rechazo del propio Dios. En la Evangelii Gaudium el papa Francisco aborda en el capítulo segundo los desafíos y las tentaciones a las que nos enfrentamos.

«Me alegro que en esta mañana, fruto del camino sinodal, estáis todos aquí, en camino para evangelizar«. Evangelizar es comunicar la fe que nosotros hemos recibido. Y ¿qué comunicamos cuando anunciamos la fe. «Comunicamos a una persona con la que nos hemos encontrado, una persona viva en cuyo encuentro personal hay un antes y un después en nuestras vidas, esta es la historia de la iglesia que ha ido escribiendo a través del tiempo. Creemos en Alguien, creemos en Dios y creemos a Dios».

Mons. Sanz ha culminado con los tres retos que desafían nuestra fe cristiana a la hora de evangelizar como Iglesia

– Ante el mundo cambiado y cambiante, donde la cultura cristiana ha dejado de ser dominante y casi somos perseguidos -en el mundo de la comunicación y la política ahora en campaña electoral. El reto es aumentar nuestra fe, nutrirla para que no desaparezca, es un reto interno. Significa que tenemos cuidar nuestra fe al tiempo que nuestra vida crece en el camino humano. «Si tenemos una vida de adultos con sueños y heridas, problemas y gratificaciones de adultos. Qué ocurre si seguimos teniendo una fe infantil. Tantas pérdidas de fe o enfriamiento de la misma, quedó la fe en aquella experiencia de la fe de la niñez. Tenemos adultos de casi todo, pero infantiles en la fe«. Conocer la fe y todas sus consecuencias es el modo mejor de crecer y poder dar razón de nuestra esperanza. La pertenencia a la parroquia, a un movimiento eclesial, donde pueda ser acompañado, nutrido, defendido…

– Una fe que no solamente alimentamos sino que también sabemos celebrar, «si la fe no la celebramos, en plural, termina siendo privada, que acaba en individualismo piadoso. La vida cristiana siempre será personal pero nunca privada«. Dios crece junto al hombre, no es un intruso, sino un cómplice de la libertad y la felicidad: «Dios crece cada año junto a vosotros, les digo a los jóvenes de confirmación, quiere soplar las velas y tienes canas con vosotros.» Hay que descubrir de forma personal a quien nos llama y nos ama. Ahí debe estar la comunidad cristiana.

– Fe testimoniada, con audacia, hay que sacarla a la plaza pública, para testimoniar lo que somos y hacemos los cristianos. En esa plaza nos encontramos con un mundo plural que no solo no es siempre tolerante sino que a veces es tremendamente hostil. «No se trata de huir o de maldecirlas, o cavar trincheras, hemos de saber una vez más lo que es ser misionero, en las tierras de allá y en las de acá». Jesucristo es la buena noticia que nos salva. «No testimoniar a Jesucristo con soberbia o renunciar a anunciarle». La Iglesia nos vuelve a enviar misioneramente a nuestras vidas: «Seguir escribiendo con páginas nuevas el evangelio de siempre para nuestra generación. Un mundo que nos está esperando aunque él no lo sepa. Un mundo que tiene sed».

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