Todo el Pueblo santo de Dios necesita una formación adecuada en el estilo sinodal de la Iglesia, pues los dones recibidos en el Bautismo son talentos que no pueden ocultarse ni permanecer inoperantes. La formación debe ser integral, continua y compartida, no es sólo teórica sino para la participación, donde todos seamos sujetos activos porque tenemos algo que aportar a los demás. En la que participemos laicos (hombres y mujeres), consagrados, ministros ordenados.
Hay que cuidar la Iniciación Cristiana, la catequesis y a los catequistas, y todas las instituciones de formación. Las escuelas y universidades de inspiración católica desempeñan un papel importante en el diálogo entre fe y cultura.
Para muchos fieles, al ser la Eucaristía dominical el único contacto con la Iglesia, hay que cuidar su celebración, de forma especial la homilía y la «participación activa» de todos. El don de la comunión, de la misión y de la participación, se realiza y se renueva en cada Eucaristía.
La formación sinodal requiere un exigente cambio de mentalidad y un enfoque renovado de los ambientes y procesos formativos. Implica una disposición interior a dejarse enriquecer por el encuentro con hermanos y hermanas en la fe, superando prejuicios y visiones partidistas. La dimensión ecuménica de la formación favorecerá este cambio de mentalidad.
Hay que revisar y cuidar:
- Los planes de formación de los seminarios, con estilo sinodal y participación femenina.
- La formación de los Obispos, para que ejerzan en estilo sinodal la autoridad que les ha sido conferida.
- La cultura digital, crucial en la cultura contemporánea para que el mensaje cristiano esté presente en la red de forma fiable, que no distorsionen su contenido de forma ideológica. Es importante que las instituciones educativas de la Iglesia ayuden a niños y adultos a desarrollar habilidades críticas para navegar con seguridad por la red.
“Si las parroquias no son sinodales y misioneras, tampoco lo será la Iglesia”
Secretaria Sinodal


