Pablo VI un grande de la Historia de la Iglesia y un santo a imitar. Charla Homenaje en el Seminario

Dentro de la charla-homenaje de los centros teológicos de la Diócesis a San Pablo VI, el pasado 12 de febrero, los delegados episcopales de Relaciones Interconfesionales y Familia y Vida, Rafael Delgado y Ramón Piñero, respectivamente, acercaron a los asistentes su pensamiento y su magisterio mostrando su actualidad permanente en temas clave como el ecumenismo y la evangelización y la defensa de la vida humana.

El papa Pablo VI inicia la mayoría de los diálogos ecuménicos, con unos primeros encuentros con el patriarca de Constantinopla, Atenágoras, en Jerusalén en 1964. Desde el cisma del siglo XI no se habían visto el sucesor de Pedro y el patriarca de Constantinopla. Fruto de esto es el levantamiento de las excomuniones del Cisma de 1054, apuntó Rafael Delgado en la charla.

Asimismo, Pablo VI pondría el foco en los tiempos nuevos de evangelización, con un sínodo de obispos en 1974, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi -1975 y en 1977 el sínodo de obispos sobre la catequesis.

«Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar», diría.

Esto significa llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad.

Ante el desacuerdo sobre qué era evangelizar, el papa Pablo VI dirá que es un proceso unitario, un paso complejo, con elementos variados: renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado.

Así, los medios de la evangelización, cuyo contenido es Cristo, muerto y resucitado para la salvación de los hombres, serían en este orden: el testimonio; la predicación: primer anuncio o kerigma; la catequesis; los sacramentos; la entrada en la comunidad y por último, el que ha sido evangelizado se convierte en evangelizador.

Además, la santidad de vida; la comunión y unidad; el amor a la verdad y la caridad forman los cuatro puntos del espíritu de la evangelización.

Por otro lado, el delegado de Familia y Vida, Ramón Piñero, disertó sobre la Encíclica de Pablo VI Humanae Vitae, documento «tremendamente polémico y valiente», según Piñero, pues para algunos fue una decisión «decepcionante» del papa, y para otros una «palabra profética, que en algunos aspectos se ha hecho realidad».

Fue publicada en julio de 1968, en medio de la llamada «revolución sexual».

Y es que, según el antropólogo Stephan Kampowski, algunos católicos de los años 60 esperaban un cambio doctrinal de la Iglesia, para que permitiera usar anticonceptivos dando un «nuevo impulso a la vida sexual de las parejas casadas»; «mejorando la relación», con «menos divorcios y una mejor educación de un número menor de hijos», según estos.

La Humanae Vitae salió al paso de tanto optimismo, afirmó Piñero, declarando Pablo VI que la promoción de los métodos anticonceptivos abriría el camino «fácil y amplio» a la «infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad».

«Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada», afirma.

A su juicio, los hombres tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio fácil para burlar su observancia.

Incluso advertía de la posibilidad de que la anticoncepción pueda convertirse en un arma peligrosa en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales para resolver problemas sociales.

Así, en la actualidad podemos ver, expresó Piñero, quién es el profeta verdadero y cuál el falso.

«¿Ha traído la anticoncepción inconsciente un paraíso terrenal? ¿Hay menos divorcios?», se pregunta el delegado de Familia y Vida.

«Más divorcios, relaciones prematrimoniales, adulterios, explotación sexual, abusos de menores, control de la natalidad estatal… parece que Pablo VI acertó con sus predicciones sobre las consecuencias sociales de la anticoncepción», expresa Ramón Piñero.

Teniendo en cuenta los cambios, como el papel de la mujer en la sociedad y el desarrollo demográfico, y los distintos progresos científico-técnicos, para el papa Pablo VI, el interés fundamental es buscar la voluntad de Dios sobre el matrimonio y el orden correcto de la sexualidad y la transmisión de la vida.

«El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o psicológico, demográfico o sociológico, a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna», señala la Humanae Vitae.

«¿Por qué vivir correctamente la sexualidad humana? Para vivir la voluntad de Dios, que me lleva a la salvación eterna, al cielo. Los matrimonios cristianos lo han de tener muy en cuenta», recalcó Piñero.

Así, los matrimonios deben encontrar el modo de vivir su capacidad de engendrar hijos de tal modo que les haga crecer en el amor y les haga santos, pues si no lo viven bien, su amor conyugal queda afectado e incluso puede llegar a morir.

A su juicio, el papa Pablo VI «no tiene ninguna visión negativa de la sexualidad, al contrario».

Además, el papa ofrece la doctrina de la paternidad responsable, que abarca muchos aspectos relacionados entre sí, como el descubrimiento de las leyes biológicas de la persona humana; el dominio de las pasiones, con la virtud de la castidad, entre otros.

«Cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida», dice la encíclica, que establece los dos significados del acto conyugal: el unitivo y el procreador.

La paternidad responsable es la decisión de los cónyuges «libre, razonada y amorosa de los hijos a tener en el matrimonio», recordó Piñero.

«En conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas», añade la Humanae Vitae.

«Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación», afirma la encíclica.

La acogida de la Humanae Vitae en la Iglesia, dijo Piñero, fue mal acogida por conferencias episcopales enteras, como la de Holanda, fue criticada por todas partes y malinterpretada por muchos moralistas y sigue siendo un signo de contradicción, aunque las nuevas realidades eclesiales apuestan por vivir estas enseñanzas de san Pablo VI.

«Hay muchos matrimonios que viven gozosamente estas enseñanzas, con una vida sexual intensa, muchas veces mayor que las de las personas que utilizan anticonceptivos», recalcó el delegado de Familia y Vida.

Por su parte, el vicario de Evangelización y Pastoral, Jesús Moreno, acercó a los presentes el mensaje de san Pablo VI respecto a la doctrina social de la Iglesia.

«Para mí Pablo VI fue el papa del seminario, un seminario que a veces lo censuraba, tengo que decir con pena», afirmó, respecto a su relación personal con este santo.

A su juicio, el mensaje social de Pablo VI no solo fueron escritos, sino que eran palabras, llamadas de teléfono y muchas otras cosas reflejadas en iniciativas como la instauración de la Jornada mundial de la Paz o los radio mensajes, en los que se refería al derecho y deber de la Iglesia de ocuparse de las cuestiones sociales.

Así, Moreno indicó que los documentos Gaudium et Espes y Lumen Gentium ofrecen una nueva visión de la relación iglesia-mundo. Se toma una mayor conciencia mundial sobre las desigualdades y se empieza a hablar del desarrollo de los pueblos como problema.

«Gaudium et Espes sitúa al hombre y a su dignidad como el centro de la doctrina social, es una apuesta por los derechos humanos. Se ocupa de la familia, la vida, la paz, el orden internacional…», afirmó.

Asimismo, la encíclica de Pablo VI Populorum Progressio -1967 pretendió ampliar el capítulo de la Gaudium et Espes sobre la vida económica y social.

Vicente M. Roso

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