Peregrinación de las tres Delegaciones de Misiones de las diócesis extremeñas al Castillo de Javier

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Las tres Delegaciones de Misiones de Extremadura peregrinaron a Javier para celebrar el Día del Misionero Extremeño y, de forma extraordinaria, el Mes Extraordinario Misionero, convocado por el papa Francisco para revitalizar la dimensión misionera de la Iglesia. El 1 de Marzo emprendieron el viaje un grupo de las tres diócesis extremeñas, acompañados por los sacerdotes Francisco González, Pedro Jesús Mohedano, Francisco Neila Sánchez y Federico Granjera Cabrera de Badajoz.

El sábado dos de marzo llegaron al monasterio de San Salvador de Leyre. En la iglesia del monasterio rezaron laudes con la comunidad de los padres benedictinos del monasterio. Terminados los Laudes, pudieron contemplar el románico naciente del siglo X, que aún se conserva en la torre, ábside y la puerta Preciosa, un auténtico catecismo en piedra, así como la nave central gótica y la capilla de las Santas mártires del siglo IX, Alodia y Nunilo. «Algo que nos sorprendió fue el arca de nogal situada el muro norte de la Iglesia con los restos de los primeros reyes de Pamplona«, cuenta Visitación Gascón, una de las participantes en la peregrinación.

Del monasterio de Leyre partieron hacia el Castillo de Javier, cuna de Francisco Jaso, que más tarde tomará el apellido de Javier. En el siglo X fue una fortaleza y en torno a ella, en distintos siglos, se fue configurando el Castillo tal como lo conocemos hoy.

«Estar en Javier, visitar el Castillo y oír la misa concelebrada y presidida por el arzobispo de Pamplona, en el lugar donde nació San Francisco, supuso una emoción interior que no se puede explicar con palabras, pensando todo lo que dejó San Francisco, que era mucho, para ir a misiones y vivir en la pobreza», añade Visitación Cascó, quien acudía por primera vez a este encuentro y destaca el buen ambiente vivido.

Después partieron hacia Burgos, donde los participantes destacan la amabilidad con la que les trataron en el seminario y en el Colegio Mayor de San Jerónimo. Allí pudieron pasear por la ciudad, admirar su catedral y por la mañana acudir a la celebración de la Eucaristía.

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