Peregrinos a las «fuentes»

20160418-catacumbas

«Dale limosna, mujer/ que no hay en la vida nada/como la pena de ser/

ciego en Granada» -Francisco de Asís de Icaza

De esta bella manera expresaba el poeta mejicano la frustración de no poder captar el encanto y la hermosura de la ciudad del Darroy del Genil. Parecido debe ser el sentimiento de quien pase por Roma y, por su ceguera, no sea capaz de percibir la belleza que se derrama en monumentos, basílicas y fuentes .Aunque puede ocurrir que algunos ,gozando de buenos ojos, apenas vean nada y también que, para algunas cosas, en Roma es mejor taparse los ojos.

Inicio así esta minicrónica de nuestra peregrinación, con motivo del Año Jubilar de la Misericordia, y que hemos realizado un grupo de quince extremeños de Cáceres y Badajoz entre los días 5 y 10 del presente mes de Abril. Romeros hemos sido porque «romeros» se llamaron siempre los cristianos que acudían a Roma, buscando las huellas de los Apóstoles Pedro y Pablo .Una búsqueda que, indefinitiva, es un rastreo de las raíces de nuestra fe, de la que ellos fueron los primeros testigos.

Quiero brevemente dejar testimonio de las vivencias y sentimientos experimentados y expresados por todos en las varias celebraciones compartidas.

Algunos nos conocíamos, otros no y la primera experiencia reseñable es la comunión que, poco a poco, fue adueñándose del grupo. Embarcados en un mismo proyecto, cada uno fue poniendo la palabra, el gesto, hasta los silencios que crearon un clima de hermosa fraternidad.

En las visitas y celebración en S, Pedro, desde la acogida cálida que nos hizo el Papa Francisco en la Audiencia General del Miércoles 6, fue la consciencia de catolicidad, de universalidad la que predominó. A tu alrededor, pegadas a ti, personas de mil lugares ,vestidos de forma variadísima, expresándose en cien lenguas diferentes, confesaban un mismo Credo y rezaban un mismo Padrenuestro. Era la alegría de constatarque la noticia de Jesús, que llevabas en el corazón, seguía arañando también el corazón de tantísimos hermanos y hermanas de lugares tan dispares.

Celebramos la Eucaristía en Sta. María la Mayor, tan cercana a nosotros los españoles por tantas vicisitudes históricas, tan cálida por la presencia y el recuerdo en ella de María, que aquí se llama «de las Nieves». Celebramos también en S. Pedro, después de pasar la «Puerta Santa», en una capilla de las Grutas Vaticanas, allí donde están enterrados muchos Papas, por su deseo de ser sepultados cerca del enterramiento de S. Pedro. últimas excavaciones, los célebres «Scavivaticani» nos dan noticia de una tumba, sobre la cual se han ido levantando, desde el s .I, diversos monumentos y las dos basílicas, la actual y la anterior constantiniana .Es sobrecogedor el recorrido, a 7 metros por debajo del nivel actual, por lo que , en el s. I ,era una Necrópolis abierta en la colina vaticana. Allí junto a difuntos «con posibles» fueron enterrados los restosdel mártir Pedro, sacrificado en la misma colina en lo que entonces era el «Circo de Nerón» Sobrecogedor, inquietante y provocador es visitar la tumba de Pedro porque es como asomarse y casi tocar las raíces de donde venimos.Es verdad que «la cosa» empezó en Galilea pero Pedro y muchos con él atestiguaron con su vida que aquello era verdad, que él ,fanfarrón y débil,había visto y tocado a «La Palabra de la Vida», Jesús de Nazaret, que le trastocó la vida.

Otra celebración hicimos en las Catacumbas de S. Calixto.Situadas fuera de los muros de la Ciudad, en ellas se conservael recuerdo de miles de miembros de las primeras comunidades, allí enterrados, muchos de ellos mártires, es decir testigos, como Pedro y Pablo .Y no se llamaron»Necrópolis»-Ciudad de los muertos- sino «Cementerios» que significa en griego «Lugar del sueño», «Dormitorio». De esta manera se afirmaba la fe en la resurrección de los cuerpos, prometida por Jesús .Una esperanza gritada en los signos y símbolos con que se sellaban los lugares de enterramiento .Uno de ellos me llama especialmente la atención: es la hoja de hiedra, siempre verde, siempre viva, que nunca muere. Una fe proclamada en las inscripciones grabadas sobre los elementos que cerraban las tumbas .Un solo ejemplo entre las 80.000 conocidas: «Flavio Crispino a la benemérita esposa Aurelia Aniana, que vivió 28 años .La tuve como mujer durante 9 años con amor, sin que causara amargura alguna a mi ánimo .Que te encuentres bien, querida .Que estés en paz con las almas santas. Que estés bien en Cristo» Las catacumbas son una fuerte llamada al compromiso cristiano hasta la muerte. Junto a los Papas y mártires allí enterrados, nosotros recordamos a tantos mártires de hoy, gritando su testimonio en muchos lugares de la tierra.

Tiempo tuvimos para hacer algunas visitas turísticas, pero quisimos fundamentalmente vivir la experiencia de una peregrinación jubilar-Aun hubo espacio para acercarnos al Colegio Español y saludar al P, Argimiro, tan querido en Cáceres y a David Flores que prepara su rendición de cuentas estudiantil, antes de regresar con nosotros. Riquísimas las galletas que nos ofrecieron. Impagable la acogida y el calor que nos regalaron.

El avión nos dejaba en Madrid hacia las 19 horas del día 10.

Paco Neila

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