Raíces: Sierra de Fuentes VI

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Hacer una descripción más detallada del Retablo mayor de Sierra de Fuentes, ateniéndose al espacio gráfico de que dispone, exige al viajero olvidarse de muchos otros elementos interesantes que contiene el templo parroquial. Sí quiere reseñar brevemente la magnífica pieza monolítica de la Pila bautismal; el simbólico y muy expresivo jarrón de azucenas que luce el frontal de el Púlpito, datado en 1.596;la copia pintada de el Noli me tangere de Correggio, que está en El Prado y que aquí corona la puerta de la sacristía, recién restaurada ,después de ser agradecida, como regalo de un sensible industrial del pueblo; el retablo, muy bien conservado y sin dorar de el Nazareno y su hermosa imagen, preguntando a quien le contempla: ¿Qué más pude hacer por ti? Los siglos y las personas fueron acumulando joyas. La comunidad cristiana conservándolas.

El Retablo Mayor es obra de dos artífices extremeños y alcantarinos ambos: Pedro de Paz, escultor y Francisco Pérez, entallador o ensamblador, que se encargaría de montar y encajar perfectamente las piezas que lo forman.

Contemplado de frente, el retablo está organizado en tres cuerpos horizontales y cinco calles verticales. Ambos, cuerpos y calles, tienen, como base, una predella o banco y todo se corona en el ático con un Calvario, en el que resalta la imagen de Jesús crucificado.

La calle vertical más importantes es la central: en ella, de abajo a arriba, están las imágenes y elementos más fundamentales de nuestra fe: el Sagrario ,con un precioso relieve de la Verónica, lugar el más sagrado del pueblo, por la presencia permanente y cálida del Cuerpo del Señor, guardado para la comunión de los miembros de la comunidad que lo pidan y no puedan hacerse presentes en el templo; le sigue el Expositor o Manifestador, utilizado para exponer el Santísimo a la adoración del pueblo; más arriba está la imagen de la Asunción de la Virgen ,titular de la Parroquia; viene luego una escena popularmente llamada de La Piedad y, ya en el ático ,Dios Padre y Creador.

En el contrato ajustado con los constructores del retablo se les exigía que esculpieran las imágenes de los 12 Apóstoles y así lo cumplieron aquellos. En las calles laterales y siempre de abajo a arriba están, en el lado de la Epístola: S. Bartolomé,restos de la empuñadura del cuchillo con que fue martirizado- S. Juan Evangelista- cáliz de la Eucaristía- y S .Pablo.espada rota-. Casi saliéndose del retablo y en tamaño más pequeño hay otro apóstol que parece Sto. Tomás. En el lado del Evangelio, muy claros, están S. Andrés –cruz aspada-, Santiago el Mayor– peregrino– y S. Pedro- restos de las llaves. Casi saliéndose también y de menor tamaño Judas Tadeo o Felipe. Pegados al Sagrario, en ambos lados, están muy pequeños, Simón el Celotas y Santiago el Menor. Restan S. Mateo y S. Marcos, que acompañan a los otros Evangelistas en la predella o banco base: S. Lucas y S. Juan, repetido éste en el retablo por tres veces. Los Evangelistas tienen cada uno su símbolo por el que son conocidos: de izquierda a derecha: el toro de S. Lucas, el águila de S. Juan, el ángel de S. Mateo y el león de S. Marcos. Pinturas, de muy diversa calidad, narran escenas de la vida del Señor Jesús en su infancia, vida pública, pasión y muerte.

¡Hermosa catequesis visual la que nos dejó Pedro de Paz, reiterando la que ya había realizado en el retablo mayor de Gata! Para quien no sabía leer, las imágenes eran el mejor lenguaje. ¿Cuántas generaciones de sierrafuenteños llevan y llevaron en sus pupilas estas imágenes, estén donde estén?

El contrato del retablo se firma en Cáceres el 4 de Mayo de 1.572. Esteban Sánchez, como mayordomo de la Iglesia de Sierra de Fuentes, se compromete a pagar a los artistas alcantarinos seiscientos ducados que valen doscientos veinte y cinco mil maravedís de buena moneda corriente al tiempo de las pagas. Trasladados a la moneda actual serían unos 22.200 Euros más o menos. Mucho dinero en un tiempo en el que un peón ganaba en Madrid 51 maravedís de sueldo, el día en que trabajaba; valía 63 maravedís una docena de huevos y 55 maravedís un humilde pollo.

Toca terminar este ya largo peregrinaje por las Raíces cristianas de Sierra de Fuentes. El viajero lo hace recordando aún una joya del folklore local que, Dios lo quiera, nunca sea olvidada. Era una noche estrellada de Junio. Celebrábamos, muy en familia, el enlace cristiano de una pareja en una casa de campo cercana al pueblo. Solicitada por alguien de la corrobla, se elevó, en el silencio de la noche, la voz limpia y valiente de tia Isabel, la Tejeora cantando El Corro, la canción tradicional de bodas, que la familia del novio cantaba, a la puerta de la novia, cuando ésta era pedida y recogida la noche de su boda. A la voz: ¡venimos a por lo que es nuestro! se aporreaban las puertas, bien atrancadas, y se iniciaba la canción. Aquella noche de Junio era una hermosura, un piropo hecho canción, la interpretación de tía Isabel, que el viajero ya nunca olvidaría. Un estallido de belleza por la melodía tan original y tan vieja y por la comprensión tan fina y delicada de la mujer que en ella se expresaba. Cuatro estrofas nada más, como muestra:

Salga la clavellina/ como debe salir,/como salen las rosas/ de Mayo y Abril.

En esta callejita/ y en este llano/ aquí dura la nieve/ todo el verano.

Hija de buenos padres/ sé que lo eres/Así lo van diciendo/ tus procederes.

Lo primero que pongas, /niña en tu casa,/caridad y limosna/ fe y esperanza.

Al finalizar cada estrofa, la comparsa repetía a coro los dos últimos versos, multiplicando así la comunión de sentimientos de todos los presentes. Espero que las nuevas generaciones sepan apreciar la que, repito, es a mi parecer un auténtica joya del patrimonio cultural y cristiano de su pueblo.

El viajero vuelve la espalda al pueblo, pero nada más: para el corazón quedan rostros, nombres, dolores, alegrías y canciones compartidas, para andar la vida.

Fin de los capítulos dedicados a Sierra de Fuentes.

Continuará. Paco Neila.

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