Recuerdo de Membrío a José María Domínguez Domínguez

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«los monaguillos que en su imaginativa inocencia habían tramado antes esconder su moto, encerrarlo en la sacristía o atarlo con sogas para que le fuera imposible irse, volvieron ahora a la iglesia y se pusieron a rezar junto al Sagrario»

El Sacerdote José María Domínguez Domínguez falleció en Brozas el 17 de agosto de este año. Nació en Calzada de Bejar, Salamanca, el 10 de febrero 1921 y fue ordenado sacerdote el 2 de julio de 1950.

Entre los cargos que desempeñó, fue ecónomo de ladrillar y encargado de Cabezo, también de Montemayor del Río y Membrío, párroco de Ahigal, capellán del Hospital Provincial Ntra. Sra. de la Montaña de Cáceres y Delegado de Pastoral Sanitaria y 3º Edad y de Vida Ascendente.

En Membrío, donde estuvo de ecónomo poco más de un año, desde el 3 de octubre del 57 al 23 de diciembre del 58, todavía lo recuerdan:

El Sacerdote Don Josemaría Domínguez Domínguez convivió con nosotros repartiendo abundantes gracias del Cielo y es un deber dedicar en la Hoja Diocesana -en la que tantas crónicas se escribieron durante su estancia en Membrío una reseña de su estancia en este pueblo, donde realizó una actividad pastoral encomiable.

Llegó aquí por primera vez en su moto y en la tarde del día de Santa Teresa, 15 de Octubre de 1.957, y en poco tiempo se hizo querer mucho.

Durante su estancia en la Parroquia se inauguró el pavimento de la iglesia, se estrenaron unos salones para Centros de la Acción Católica, se realizaron Misiones Generales, se tenía la costumbre de entronizar la imagen del Sagrado Corazón en los hogares, se hacían Rosarios de Aurora, se celebraban con una brillantez, devoción y aprovechamiento extraordinarios las fiestas y novenas de los patronos de las Cofradías existentes de San José, San Isidro, San Bernabé, San Antonio, Nuestra Señora de Gracia y la Hermandad del Cristo, así como la Asociación de Hijas de María.

Las numerosas actividades que realizó eran auténticos Ejercicios Espirituales. Animó y fortaleció las vocaciones religiosas, obteniendo fruto perdurable de ello. Palabras que le gustaba decir eran: «vosotros sois mi gloria y mi corona».

Formó un coro de veinticinco monaguillos que cada uno tenía su sotanita roja bien ordenada en la sacristía que daba gusto verlas y tenían la costumbre de rezar al entrar y al salir de la iglesia un rato ante Jesús Sacramentado, rezaban el rosario y ayudaban a misa con verdadera unción.

En la crónica que apareció en la Hoja Parroquial con motivo de su despedida se lee: «Soy testigo presencial del rendido tributo de merecido agradecimiento que le dispensó el pueblo de Membrío en la inestable mañana de su marcha. Vi como los feligreses incontrolados se concentraban en la plaza, hacían sonar las campanas y entraban tras él en el templo para rezar. Después, a lo largo de la carretera por donde se marchó con su moto, como había venido, numerosos grupos de personas le despidieron con lágrimas en los ojos agitando sus pañuelos blancos. Y lo que llama la atención es que los monaguillos que en su imaginativa inocencia habían tramado antes esconder su moto, encerrarlo en la sacristía o atarlo con sogas para que le fuera imposible irse, volvieron ahora a la iglesia y se pusieron a rezar junto al Sagrario«.

Así despide Membrío a los que vienen en nombre del Señor y honra mucho al pueblo haber tenido una muy digna representación en su entierro en la Calzada de Béjar de donde era natural.

Membrío, Agosto de 2.015. Juan Tejero García.

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