Sabor y sabor: las etapas de la vida

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Recuerdo que mi padre, cuando era niño, me decía: «¡Sí, pero a la hora de la comida aquí!»… Y estoy seguro de que el recuerdo no es solo mío. En el fondo de mi memoria está esa vinculación definitiva entre «comida» y «encuentro». Sí, a la hora de la comida teníamos que estar todos. Aprendí así, desde entonces, que la comida era más que eso, más que una comida, era un momento en que todos nos sentábamos alrededor de una mesa y poníamos en común nuestra vivencias… En esa experiencia —seguro que compartida— es donde se fundamenta esta propuesta de la Delegación de Fe y Cultura. «Sabor y saber»: una comida-encuentro. Lo peculiar de nuestra propuesta es proponer un tema de diálogo. En esta ocasión: «Las etapas de la vida».

D. José Gil nos hizo una breve ponencia antes de la comida -don José tiene una larga experiencia como sacerdote —él se empeña en decir que es sobre todo un sacerdote— y psicólogo, con un master en terapia familiar por la Universidad de California. Muchos años en sudamérica y luego en EEUU le dan solvencia para hablar del tema para el que le hemos solicitado. Nuestro gratitud por su disponibilidad. En las mesas dejamos un guión opcional, un guión que sirviera de orientación al diálogo sobre estas cuestiones:

1. ¿Qué valores te parecen más importantes en cada etapa que hay que cultivar especialmente?

2. ¿Qué desajustes percibes en tu entorno en las distintas etapas?

3. Parece que hay una idolatría de ‘lo joven’. ¿Crees que hay una crisis de madurez hoy día?

4. ¿Cómo deben ser las relaciones intergeneracionales y su importancia?

5. Parece que el cambio de etapa acarrea una crisis, ¿cómo superar estas crisis? Peligros de estancamiento o recesión.

6. Hay una dilación de la esperanza de vida que conlleva muchas veces una prolongación de la última etapa que está marcada por el progresivo deterioro. ¿Cómo vivir este decisivo momento?

Después de comer, iniciamos un coloquio abierto. Cada una de las mesas expone conclusiones o plantea dilemas que otros se atreven a resolver. Se pusieron «sobre la mesa» muchas cuestiones que provocaron otras nuevas… En fin, el tema hubiera dado para muchas horas de diálogo, de discusión. Nosotros, a las 16:30, levantamos la reunión… Las ganas de seguir hablando se manifestaron en los corros apasionados que se formaron cuando, supuestamente, había concluido la actividad. Pero es así, no concluye del todo. Queda en las conversaciones de los grupos que volvemos a casa en la misma dirección. Queda en nuestros corazones. Y ese es, al fin y al cabo, el objetivo de sabor y saber: generar en nosotros el eterno diálogo, la eterna pregunta de si lo que «es» es acorde con lo que «debe ser».

Javier García Aparicio

Delegación fe-cultura

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