San Pedro Celestino en tiempos de pandemia

20210519-sanpedrocelestino-patronvillamiel

«¡Viva San Pedro!, y líbranos de todo mal como en tiempos sucedió»… es el himno hecho canto a golpe de corazón, que durante años este pueblo ha dedicado a su Patrón y que hoy, se torna entonación aún más necesaria. Hay que conocer la historia para no repetirla, aunque a veces no se cumpla, y la misma retome su linde pasada.

En el murmullo real que viene de la memoria histórica, hace poco más de quinientos años, invariable como en nuestros días, una epidemia asolaba el pueblo y, al igual que en estos meses, no parecía menguar. Reunidos todos en la Iglesia -constando en las actas, ante notario y ante el deán de la Catedral de Ciudad Rodrigo, metieron los nombres del santoral en una urna y escogieron al azar uno de ellos, para que los vecinos del pueblo se encomendaran a él.

El destino, acariciado por la fortuna, hizo que San Pedro Celestino fuera el elegido. Su nombre de origen era Pedro Morrone. Había nacido en el seno de una familia numerosa, entre los principios cristianos de unos padres buenos: «Ambos eran justos a los ojos de Dios y muy alabados por los hombres; daban limosna y acogían a los pobres de muy buena gana en su casa. Tuvieron doce hijos, a semejanza del patriarca Jacob, y siempre pedían al Señor que alguno de ellos sirviese a Dios» Excéntrico, extremadamente sencillo, basto en las cosas humanas, y desconocedor de los asuntos de gobierno… son algunos de los datos que leemos en su autobiografía.

Eremita en los montes cercanos a Castelsangro y con fama de santidad, fue coronado Papa en 1294 con el nombre de Celestino V. Su elección tuvo lugar en un contexto de luchas, donde se elige a un monje de vida eremítica, apenas sin formación teológica, que no sabía latín -por primera vez se tiene que usar la lengua vulgar en la corte pontificia y sin capacidad para gobernar. La renuncia era inevitable.

Otros, interpretan su renuncia, a su corazón revestido de gran humildad y desprendimiento. La humildad es convicción, de la mente abierta a todo, es sinceridad y modo, el medio para alcanzarla. ¿Fue el suyo un gesto de humildad o de cobardía?

Su cuerpo se conserva incorrupto en la basílica de Collemaggio en los abruzos italianos. El 19 de Mayo de 2021, en Villamiel, corazón de la Sierra de Gata, se celebró su fiesta patronal, en la recta final de otra pandemia llamada Covid 19.

Mientras, el encierro era una terrible soledad, que remitía un poco -como escudo de Aquiles con la cercanía de calles estrechas y salpicadas de balcones con familias confinadas en este pueblo: Villamiel, emplazado en un valle al suroeste de la Sierra de Jálama, con apenas 500 vecinos.

El silencio impuesto en sus calles por el estado de alarma, producido por este Goliat de la pandemia, se rompía con la música, concurso de pintura, baile de la jota de Villamiel en los balcones, canciones dedicadas a vecinos en la megafonía de los bandos o aplausos venidos a menos, en una sociedad que demanda otra sonoridad de justicia y derechos sanitarios.

Un pueblo que ha sabido confinarse, cavar al Covid 19 con su disciplina de manera excepcional, en un horizonte limpio de contaminación en plena naturaleza de castaños, robles, olivos y viñedos en terrenos labrados. Como un círculo de equilibro, gracias a la colaboración de todos los vecinos y del trabajo excepcional del Ayuntamiento.

Llegará el verano, caluroso, madrugador, menos ocioso en lo social, y un poco más sediento de valorar lo pequeño, que se tornará grande como el fondo de un río. Este pueblo serregatino te espera tras este levantamiento del estado de alarma. Entra en sus calles, oye su historia y olvida lo que sabes.

Ya no será tarde para sentirlo -sabiendo que la belleza no cabe un trozo de papel Si antes te confinabas para poder vivir, ahora ven y vive para contarlo. Si se cierran las puertas, tal vez las noches duren para siempre. Los sueños del mañana, comienzan con las responsabilidades de hoy. No cortes la flor de la Esperanza que hay en el huerto de tu vida, y que el día caiga sobre los días. Siempre con el deseo, de que la historia una vez más, no se repita.

ángel Luis Lorenzo, sacerdote y vecino de Villamiel -Cáceres

Ir arriba
X