Un espacio para aprender a rezar en San Ignacio de Coria

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“Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.

Más Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: “Dejad que los niños vengan a mí,

no se lo impidáis, porque de los que son como estos es el Reino de Dios”.

Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos” (Mc 10,13-16).

Una hermosa idea ha salido del grupo de catequistas de la parroquia de San Ignacio en Coria. Se trata de un oratorio para que los niños y las niñas de la parroquia tengan su espacio para aprender a orar, rezar y encontrarse con Jesús en la Iglesia.

«Algunos niños cuando vienen por la Parroquia no saben rezar. Un cristiano que no tiene vida de oración difícilmente puede crecer. Y la catequesis no solo es doctrina, es también vivencia, compromiso y oración. Con este Oratorio tendrán la oportunidad de dedicar un tiempo a la semana a la oración personal y también con su grupo», explica Mamen Yerpes, catequista de la parroquia.

«Queremos que su oratorio sea “tienda” para el encuentro con Dios. Un espacio de fraternidad, oasis de silencio, de cenáculo de discípulos. Los tiempos que vivimos no invitan mucho al silencio y al recogimiento, y este lugar puedo ayudar a los niños a adentrarse en la experiencia de la oración y a quitar ruidos, internos y externos, que ya les aturullan», apostilla Yerpes.

La oración se expresará allí en palabras, en gestos, en olores, en miradas, en palmas, en cantos y se convertirán en los niños en alabanza, en súplica, en perdón y en petición.

El objetivo está claro: «Queremos que Jesús y los niños se amen y sean amigos. Hemos acondicionado una de las habitaciones de los salones para tal fin», explica la catequista. Un espacio que han cuidado con mimo por su importancia, donde esperan que el niño se sienta querido, que aprenda a mirar, a abrirse al amor de Dios, y a escuchar.

Por eso, consideran “muy importante” cuidar el silencio, la música y las posturas. Así, han colocado en el centro una alfombra grande, como en las tiendas del desierto. Y hay un lugar reservado para la Biblia. «La Biblia es una presencia de Jesús; Jesús nos habla cuando alguien lo lee, lo proclama. Es el libro sagrado. Como tal es venerado, y en ocasiones besado», relata Mamen Yerpes. En este oratorio tiene su sitio reservado también el Cristo crucificado y una imagen de la Virgen. «En ocasiones también bajaremos el Santísimo de la parroquia», añade.

Para algunos niños serán sus primeros pasos en la fe, y por eso quieren ayudarles con este espacio. Pero no sólo estará reservado a los niños, estará también abierto a los adolescentes y a los jóvenes que se preparan para la confirmación. Acogen “ilusionados” esta nueva experiencia en la parroquia, que confían en ir “perfeccionando con el paso del tiempo” y que sea de “gran utilidad” en la formación religiosa de las nuevas generaciones que acuden a la parroquia.

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