Vestir a los niños del hombre nuevo: San Enrique de Ossó, patrono de los catequistas

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El 27 de enero de 1896 fallecía en Gilet (Valencia), en el convento franciscano, donde estaba realizando un mes de Ejercicios Espirituales Mosén Enrique de Ossó y Cervelló. Había nacido en Vinebre, provincia de Tarragona y diócesis de Tortosa, cincuenta y seis años antes, es decir, en 1840. Entre sus padres no había unanimidad en cuanto su futuro: su madre quería que fuese sacerdote, pero su padre prefería que se dedicase, como él, al comercio, y lo preparó para ello. Pero Dios hizo de las suyas y llevó a Enrique al seminario de Tortosa, ordenándose sacerdote en 1867.

De su ministerio sacerdotal quiero destacar el interés y el trabajo que realizó en favor de la educación cristiana de niños y jóvenes, especialmente en la instrucción cristiana, como entonces se decía. Es decir, en la catequesis. Esta preocupación nació en él de forma fogosa a raíz de la revolución española de 1868, llamada la Gloriosa, y en los años sucesivos. Fueron años de dificultades para vivir la fe cristiana por razones sociales, como era la secularización y el anticlericalismo imperante en la España de entonces (más o menos como ahora) y por razones de dentro de la Iglesia, como era la poca preparación del clero, el desinterés por lo pastoral dejado casi exclusivamente en sus manos, así como una vivencia superficial de la fe de muchos cristianos, casi limitada a lo cultual y piadoso sin compromiso en la vida (no sé si eso nos suena).

Arrastró consigo en esta tarea «reevangelizadora», aunque la expresión esté fuera de época, a otros sacerdotes y seminaristas, y a muchas mujeres, de hecho fundó la Institución Teresiana. Su labor fue impresionante para Tortosa, que pronto conoció los frutos de una trabajada y profunda educación en la fe. Se dedicó a organizar la labor catequética, y con este fin escribió la Guía Práctica del Catequista, donde explica la finalidad de la catequesis: «cautivar el corazón de los niños para formar la imagen divina de Jesús en los lienzos de su alma inocente. En una palabra, vestirlos del hombre nuevo y despojarlos del viejo».

Fue proclamado patrón de los catequistas españoles en noviembre de 1998.

Queridos amigos y hermanos catequistas: este es nuestro patrón, que se celebra el 27 de enero. Su vida entregada a introducir en la fe a los niños y jóvenes es un estímulo para nosotros, catequistas del siglo XXI. La época de hoy es distinta de la de finales del siglo XIX. Entonces hubo dificultades, como las hay hoy. Y algunas de aquellas dificultades son similares a las de hoy: poco interés por lo religioso, sino enfrentamiento a lo que suena a la Iglesia y los curas; pocos catequistas; una vida cristiana que no llama la atención de las nuevas generaciones; problemas de la sociedad, como la pobreza, el poco empleo y la situación política…Pero el interés por llevar la fe a los nuevos miembros de la Iglesia fue la razón que movió a Enrique de Ossó a poner manos a la obra, como hacéis también vosotros.

¡Gracias por todo y ánimo en vuestra hermosa tarea de dar a conocer el amor de Dios a los niños y jóvenes!

Ángel Maya.  Delegado de Catequesis

 

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