William Núñez de visita en La Habana ahora como cura

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Entre el 5 y el 28 del pasado mes de febrero tuve la oportunidad de visitar la ciudad que me vio nacer, La Habana.

Esta ocasión ya fue diferente a mis anteriores visitas, ya que esta vez regresé como sacerdote. Fue algo muy hermoso, poder abrazar y besar a mi madre, que lloraba de felicidad, feliz de tener un hijo cura. Ya en La Habana -Ciudad de la Columnas como la calificaría uno de los grandes de la cultura cubana, fue grato pasear por sus calles, donde de pequeño y joven solía andar.

Visité el mayor numero de parroquias que pude sobre todo de la vieja Habana. Asistía a misa en la Iglesia de San Agustín, un antiguo templo construido entre los años 1608 al 1663, esta Iglesia originalmente y durante casi 200 años estuvo bajo la advocación de San Agustín, posteriormente en el año 1842 paso a ser propiedad de la Tercera Orden de San Francisco y en 1844 a los frailes de la Primera Orden, por eso también se le conoce como Iglesia de San Francisco el nuevo, una de las edificaciones más grandes y majestuosas de la ciudad, casi oculta entre las casas de la vieja ciudad que la rodean.

La Iglesia de San Agustín es un lugar tranquilo dentro de una ciudad bulliciosa, que invita a rezar, reflexionar y meditar. Allí me recibieron dos sacerdotes franciscanos italianos que llevan veintidós años en la Isla, además me invitaron a concelebrar con ellos. Donde está ubicado el sagrario, había encima una imagen del corazón de Jesús y más arriba otra imagen de San Pedro de Alcántara, hasta allí en la vieja Habana estaba conmigo el santo alcantarino.

Pido mucho por mi pueblo, ese pueblo que a pesar de tantos años de persecución de la Iglesia ha sabido mantenerse firme en la fe, siempre acompañado de María, en su advocación de la Virgen del Cobre.

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