9 septiembre 2026
Mons. Jesús Pulido: «Es imposible amar a Dios sin amar al prójimo»

Entrevista a Mons. Jesús Pulido, obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres
Arranca nuevo curso, con un lema muy especial: «Volver al corazón para encontrarse con Dios y con el prójimo». ¿Por qué necesitamos en la Diócesis esta mirada interior?
Este lema ha sido una propuesta del Consejo Diocesano de Pastoral. Desde el año pasado nos propusimos que la tarea fundamental de este Consejo fuera orientar la programación de cada curso. Hemos tenido varias reuniones y hemos visto que, para caminar en sintonía con la Iglesia universal, con el Papa y con la Iglesia en España, este lema recoge, de alguna forma, todos los elementos que queríamos impulsar durante este curso que va a empezar.
El papa León XIV, como buen agustino, insiste mucho en la interioridad y, además, con la encíclica que ha publicado, Magnifica Humanitas, se plantea una cuestión que, a nuestro modo de ver, es muy importante: qué es el hombre.
Antes se tendía a definir a la persona por oposición a los animales: por la inteligencia, la sabiduría, la cultura, el lenguaje… Pero hoy, dice el Papa, las máquinas saben más que nosotros, son más inteligentes que nosotros y toman decisiones más neutrales que las que podemos tomar nosotros, movidos, quizás, por nuestros intereses.
Entonces, el Papa se pregunta qué es el hombre y nos invita a volver al corazón, a mirar al corazón, a nuestra capacidad de amar y de amar desinteresadamente, desde la libertad y desde la autoconciencia.
Es un volver para escuchar, para discernir, pero, sobre todo, para trabajar en salida, en esa Iglesia en la que llevamos trabajando durante los últimos años, con varias claves: la sinodalidad y la corresponsabilidad.
Exactamente. En realidad, el papa León XIV pone su acento en esto, pero continúa la línea del papa Francisco, de una Iglesia en salida, una Iglesia sinodal, una Iglesia samaritana. De hecho, el lema que hemos recogido no se queda simplemente en «volver al corazón», sino que es «volver al corazón para encontrarse con Dios y con el prójimo». Es para salir al prójimo. Esta capacidad de amar es la que nos da la libertad para entregarnos a los demás.
Con un solo corazón se ama a Dios y se ama al prójimo. No son dos amores diferentes, sino que el amor a Dios intensifica nuestra entrega. Si alguno piensa que se puede amar al prójimo sin amar a Dios, tenemos que decir que es imposible amar a Dios sin amar al prójimo, porque el amor a Dios intensifica nuestra entrega.

A nivel de España y a nivel mundial, la secularización, la soledad, las dificultades sociales, la integración y la emigración marcan un poco la agenda diaria… Pero, como Diócesis, ¿cuáles cree que son los retos pastorales?
Sí. Para nosotros nos ilumina mucho el documento que los obispos de la Conferencia Episcopal han elaborado durante un año y que ha aparecido ahora. Se titula “Puestos en camino” Líneas pastorales de la Conferencia Episcopal, y quiere ser como el marco para todas las diócesis, para que después se aterrice en cada una de ellas.
Una preocupación muy grande de la Iglesia en España es lo que este documento llama «pilas secas». Hay 22.000 parroquias en España y muchas de ellas no bautizan ni celebran.
Esta atención a la ruralidad, a la España vaciada, para nosotros es muy importante y es una de las líneas pastorales de la Conferencia Episcopal que, sin duda, nos interroga y nos estimula: cómo atender, cómo llevar la Eucaristía, el bautismo y la atención pastoral a los rincones de nuestra Diócesis.
Es una Diócesis muy extensa y, en algunas zonas, también bastante despoblada y envejecida. Este año hice la visita pastoral a Las Hurdes y pude comprobar también una gran vitalidad en todas esas personas que no podemos dejar que dejen de sentir la cercanía de la Iglesia.
No podemos olvidarnos de Las Hurdes. Este verano han sufrido de nuevo los incendios. Usted ha acompañado a la comunidad del Cottolengo en su regreso después de esa evacuación. ¿Cómo siente este momento ahora que estamos también en este mes de septiembre, Tiempo del Cuidado de la Creación?
Nuestra realidad geográfica es de una riqueza natural impresionante. Yo ya la conocía los primeros años por los campamentos que hacemos en verano en todas las zonas de la Sierra de Gata, de Las Hurdes, desde el Valle del Ambroz. Verdaderamente, es una riqueza natural por la que tenemos que dar gracias a Dios.
Sin embargo, todos los años, en una experiencia constante, hay incendios. Desde el primer verano, recuerdo que fue el valle de Ladrillar, Cabezos, Las Mestas… Todo ese valle se ardió y fue una experiencia muy dura.
Y este año, en la zona de Pinofranqueado, ya ha llegado hasta el Cottolengo, que estuvo evacuado. Yo fui a verlos a Plasencia, donde estaban en el centro sociosanitario, y después tuvimos una Eucaristía en el Cottolengo, a la que también se acercaron personas de los pueblos de Nuñomoral.
Ciertamente, es una pena la pérdida que suponen los incendios y una llamada a la conversión en nuestra Diócesis, sobre todo al cuidado de la creación, al cuidado de la casa común; a ser conscientes de que lo que sucede en un sitio nos afecta en otros. Un incendio nace en Horcajo, pero inmediatamente se pasa al valle siguiente, se va a Salamanca, y tenemos que colaborar todos en cuidar nuestro hábitat, que es el regalo y la casa que Dios nos da.

¿Qué significa para usted este Año Santo Guadalupense 2026-2027 y qué espera que suponga para Extremadura?
Para Extremadura, yo creo que es un gran honor que tenga como patrona a la Virgen de Guadalupe. Extremadura es un pueblo con alma, un pueblo con madre. Me acuerdo de que el año pasado me tocó a mí presidir la celebración del día 8, porque ahora vamos rotando todos los obispos extremeños. Este año ha sido el obispo de Plasencia.
Y mi mensaje fue: «Extremadura tiene madre». Tiene un corazón que la cuida y una madre que nos une y que hace que todos nosotros tengamos un mismo sentir.
Yo creo que este es el valor de la fe, de la religión y de las raíces que ha echado. Las raíces que hace la religión son la comunión, la comunión como fraternidad, y tener una madre es una contribución grande a que nos sintamos un solo pueblo y una sola familia.
Ciertamente, el sello que deja la devoción a la Virgen de Guadalupe se transmite de generación en generación.

En este inicio de curso, en un momento de crispación también política en España, podríamos decir a veces incluso de división, ¿cómo afrontar el nuevo curso con esperanza, con ilusión y, sobre todo, enfocados en el prójimo?
Sí, ciertamente. Yo creo que hay veces que, en el fragor de la batalla, perdemos los papeles, la educación y la fe.
La religión, los creyentes, pues tenemos que poner esa paz, porque, por encima de las divisiones, tenemos que llegar a la unidad. Y esto lo tenemos que hacer.
Yo creo que la práctica religiosa en Extremadura no conoce colores políticos y tiene que seguir siendo así. Tiene que seguir siendo puente y, entre todos, tenemos que construir una sociedad en la que vivamos en paz y en progreso.
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